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lunes, 21 de enero de 2013

Se te ha olvidado cuánto me quisiste.
Yo no paro de recordar aquella mañana de risas entre las sábanas.
Y cómo contaste los lunares de mis brazos y besabas los de mi espalda.

Decías que tenías un problema con la memoria porque lo olvidabas todo. Yo también tengo otro problema de memoria: recuerdo todo, incluso aquello que creí haber olvidado.

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martes, 15 de mayo de 2012



Tú no lo sabes, pero tenías los labios llenos de quédateconmigo. Y yo lo vi.

Tres años desde que abrí este blog. Tres años es mucho tiempo.
Gracias a todos los que seguís aquí.
Fotografía: Me llaman Octubre.

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Querido Sergio

martes, 21 de febrero de 2012

Sabes que sigo enfadada contigo, ¿verdad? No es bonito aparecer en la vida de una persona y conseguir que sobren las palabras. De hecho, es una putada. Con sólo mirarte sabías lo que pensaba, sabías lo que temía, sabías lo soñaba, sabías lo que necesitaba. No hacía falta buscar las letras para explicarme. Hacías que todo fuese fácil. ¿Recuerdas cuando me enseñaste a hablar con la mirada? También me enseñaste que el "perdono pero no olvido" no lleva a ningún sitio. Que lo mejor es olvidar. Pero no me enseñaste a olvidarte. Porque lo que no sabías es que hay ciertas cosas inolvidables. Te convertiste en mi tatuaje. Toda mi piel está grabada con las letras de tu nombre y con cada uno de los momentos vividos. Pero quedaban muchos huecos por tatuar, huecos que esperaban pacientes esos momentos que nos quedaban por protagonizar.
Ahora me he perdido. Y tú ya no estás para encontrarme. Me siento en un lugar donde no hay ni una sola puerta. Y grito porque quiero verte. Tengo ganas de verte hasta cuando cierro los ojos. La gente no se puede imaginar lo dura que se hace la vida sin tus manos acariciándome la cabeza, sin tu sonrisa canalla, sin tu sarcasmo. Todavía pienso que, cuando menos me lo espere, te vas a meter en mi cama para dormir conmigo y contarme tus idas y venidas, tus heridas de guerra, tus esperanzas viajeras.
Quiero contarte que al final lo hice, salté por la ventana (¡valiente!). Estoy viviendo en Madrid. He superado el frío y los temblores (¡ay! qué tontos aquellos que pensaban que temblaba por los grados negativos que marcaba el termómetro). Te encantaría vivir aquí. Conmigo. Aquí hay conciertos cada día. Y monólogos. Y magia. Lo bueno de esta ciudad es que, pase el tiempo que pase, siempre encontrarás un rincón nuevo. Yo sigo explorando. Pero joder, no es lo mismo sin ti.
Has conseguido que odie el mes de febrero con toda mi alma. Estarás contento. Aquella noche fue la más... ¿ves? ahora que no estás, tengo que buscar las palabras y hay algunos sentimientos que aún no han sido descritos. Me partiste en dos. Y una de esas mitades te la llevaste. Y oye, que me parece bien. Un día te la regalé, te dije que esa parte siempre sería tuya. Y lo he cumplido. Pero eso no quita que ahora sea todo mucho más difícil. Que ya no encuentro caminos en línea recta y que las risas enlatadas de las series ya no me hacen tanta gracia.
Que lo que te quiero decir es que te echo de menos. Todos los días. Cada segundo. Que estás presente en cada cosa que hago. Que eres lo más inolvidable que me ha pasado en la vida. Y lo mejor. Que tengo clarísimo que si alguien viniese con una varita mágica y me concediese un único deseo, querría volver a verte al menos una vez más.
Eh, no vale llorar. Te quiero en mi mente siempre con una sonrisa. Así que sécate esas lágrimas y vuelve a recordarme (como puedas, que supongo que los móviles y el email allí no funcionan) que me quieres y que soy la niña de tus ojos.
Me despido por ahora. Te veo dentro de un rato, cuando consiga dormir. Te quiero pequeño. Algún día conseguiré perdonarte que me dejases sola en medio de esta tormenta.

D.

Un día como hoy perdí al mejor amigo que he tenido en mi vida.

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martes, 6 de diciembre de 2011



Diciembre. Hacía frío. Él cerró los ojos.

- ¿Qué piensas?
- Nada. Estoy memorizando este momento.

De fondo se escuchó un crack. Eran mis esquemas, que empezaban a romperse.

El frío y las casualidades. Claro que sí.

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lunes, 14 de noviembre de 2011


Photowalk XatakaFoto Granada from Juan Polo on Vimeo.


Somos animales hechos de recuerdos. Pero animales al fin y al cabo. Tengo recuerdos de todos los colores, olores y tamaños. Recuerdos a los que mi memoria me hace creer que no puede llegar y luego me demuestra que es una jodida mentirosa: siempre encuentra una rendija por donde entrar. Recuerdos con la capacidad de hacerme reír a carcajadas, llorar sin consuelo y tener miedo como para salir huyendo.
Si cierro los ojos puedo ver el mar, olerlo. Recuerdos en Madrid. Recuerdos en Barcelona. Recuerdos en el cine, en una cafetería, en la calle. Recuerdos de todas las sesiones de fotos hechas y de las fallidas también. Recuerdos de orgasmos. Recuerdos de viajes en coche. Recuerdos de conciertos. De carnavales en Cádiz, Granada, Sevilla. Recuerdos de casas, de galletas, de regalos, de sorpresas, de Navidad, de canciones, de despedidas. De todo lo que os podáis imaginar.

Soy un animal hecho de recuerdos. Algunos tan bonitos que se han quedado tatuados en mi voz. Otros tan jodidamente dolorosos que se han quedado escondidos, sin ser olvidados, pero rezagados. Hay que tener cuidado con los recuerdos. Aparecen cuando menos te lo esperas. Y a veces la herida vuelve a sangrar.

Vídeo: I Photowalk de Granada. Octubre 2008. Realizado por Juan Polo. Aparezco en el vídeo unas cuantas veces, por cierto.

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martes, 5 de julio de 2011



Ingredientes para un suicidio viviente (de esos que te matan obligándote a vivir):

- Canciones para el dolor y la nostalgia.
- Kilómetros de memoria.
- Un puñado de recuerdos (incluso los que creías olvidados).
- Un poco de necesidad espantosa de gritar y romper cosas.
- El tiempo condicional más presente que nunca.
- Presencia absoluta de las cosas que hicisteis y, lo que es peor, las que os quedaron por hacer.
- Querer estar recorriendo la Ruta 66 sin importar nada más.
- Álbumes llenos de fotos y otros que se quedan esperando esas imágenes que ya no van a llegar.
- Lágrimas revolviéndose en la garganta formando un nudo, de esos que ni los marineros son capaces de soltar.
- Un último abrazo.
- Una despedida amarga y obligada (nunca se me han dado bien ni las despedidas ni las obligaciones).


Prometo que algún día conseguiré recordar sólo los buenos momentos (sólo necesito tiempo). No será difícil: tengo miles de ellos. Hasta siempre, amiga.

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domingo, 3 de julio de 2011


¿Te acuerdas?


¿Sabéis esa sensación que te entra por algún lugar del cuerpo (yo creo que por la nariz, con el aire) y se te queda dentro, pellizcándote, cuando no puedes descoserte una persona de la piel? Cuando empiezas a recordar cada una de las idas y venidas, cada olor, cada momento. Ese glorioso instante en el que te das cuenta de lo que has perdido, de cuánto echas de menos a una persona, de cómo nada es lo mismo (ni los cafés, ni los conciertos). Y todo se hace cuesta arriba. Y pese a que seas la que haya decidido poner punto y final a este libro, su recuerdo te araña por dentro. Y las heridas empiezan a salir a la luz. ¿Alguien tiene mercromina? A mí se me ha acabado.

Y aunque fui yo quien decidió que ya no más. 
Y no me canse de jurarte que no habrá segunda parte 
me cuesta tanto olvidarte...

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jueves, 26 de mayo de 2011


He revelado un carrete que tenía perdido por mi habitación. Me he encontrado con una 'yo' que había olvidado y con un 'tú' que no reconozco.

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martes, 24 de mayo de 2011

No me cansaba de descubrirte cada día. No importaba que no llamases, que no escribieses, que no me dijeses nada. Yo sentía que estabas siempre al otro lado del espejo. Yo me conformaba con seguir sorprendiéndote, consiguiendo convertir cualquier día de tu semana en un viernes o un sábado. Estaba dispuesta a esperarte a las 7 en cualquier planeta. Y seguir soñando juntas. Pero de verdad. Colándome en tus sueños y tú invadiendo los míos. He llegado a pensar que te comiste mi corazón porque hacía tiempo que no lo escuchaba latir. Pero hoy ha vuelto a retumbar. Lo dejaste en su sitio, con algunas cicatrices, pero en su sitio.
Pensé que con quererte mucho bastaba. Pero no, no era suficiente. Y yo ya he escogido las canciones de tevoyaechardemenos. Porque sí, te echaré de menos. Gracias por haber ocupado una parte importante del corcho de mi habitación durante tanto tiempo.

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sábado, 1 de enero de 2011

Es curioso los recuerdos que tengo de ti. Cada vez que sale el vaho por mi boca recuerdo aquella conversación que mantuvimos por teléfono. Recuerdo cómo escuchaba salir el vaho de tu boca. Y recuerdo cómo, semanas después me enseñaste la farola donde estabas apoyado aquella noche. Me pregunto si te acordarás de lo que me dijiste... Supongo que todo esto tiene algo que ver con la obsesión que tenía de respirar el aire que tu cuerpo expulsaba. Para sentirte un poquito más dentro.

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jueves, 23 de septiembre de 2010

Sobran las palabras, yo ya lo sé, no es necesario que me digas más. Yo también me he fijado en su forma de caminar. En cómo tuerce ligeramente el cuerpo y cómo pasea acariciando el viento. Yo también he visto cómo gira la cucharilla del café siempre hacia el mismo sitio (la derecha) y sí, sé que lleva el reloj bocabajo en su mano izquierda. Y cómo se deja sorprender por un atardecer cualquiera.
A mí también me encanta la forma en la que nunca esquiva los charcos, sino que salta encima de ellos mojándose entero. La valentía con la que afronta el sonido de las agujas de un reloj.
Sí, lo sé, a mí también me vuelve loca que se sepa de memoria todos mis vértices y la manera con la que pronuncia las palabras todo va a salir bien, ya lo verás. Con él aprendí que cuando llueve es porque las nubes lloran de la risa por las cosquillas (que le hacían mis pestañas, decía).
Que yo también perdía el culo cuando escuchaba el sonido de sus llaves al otro lado de la puerta y sufría constantes infartos de miocardio cada vez que el niño decía de mirarme.
He contado uno a uno los pasos que hay de mi cama a la suya y me he repetido hasta el convencimiento absoluto que la única distancia que había entre él y yo eran esos pasos que, de vez en cuando, nos separaban. He estudiado cada noche los recodos de su cuerpo, su barba rebelde, sus heridas de guerra y esa cicatriz que tiene en la frente desde que se cayó de un tobogán cuando era pequeño porque pensaba que él podía volar (lo cual no le impidió seguir pensándolo).
Yo también he descubierto en su cuerpo mapas mudos que me cuentan todo lo que necesito saber. Y sé que todas las constelaciones que existen las puedo encontrar en los lunares de su espalda que por las noches me los prestaba. Incluso más...
Que un día, de repente, descubrí cómo todo dejaba de ser tan gris si él se sentaba a mi lado en silencio, con un colacao en la mano. Que las penas no son tan penas cuando me besaba los párpados. Que podría haber construido mi mundo entre sus sábanas. Y haberme quedado allí... haciendo de sus sueños los míos y de sus miedos mis monstruos.
Que sí, que te comprendo. Que sé cómo pierdes la cabeza al nivel de sus caderas. Y conozco perfectamente esa sensación que te atraviesa cuando un milímetro de su cuerpo (el que sea) decide toparse contigo. Que sí, que yo también le he querido.
Hasta la locura.
Sí, este cuento ya me lo han contado. Esto ya lo he soñado. Y aún me cuesta admitir que esto ya lo he vivido.




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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Vamos Lola. Han pasado 16 años desde que lo viste por primera vez. Es él, el chico de tus sueños. Aprovecha ahora que el alcohol te da mayor elocuencia para hablar con él. Tú sabes mejor que nadie que hay ciertos trenes que no vuelven a pasar por tu vida. ¿Te vas a quedar con la duda?

Y allí que fue nuestra valiente. Fingió ir al baño para pasar por su lado.

- Bonita bata. ¿Quiénes son los afortunados que se casan?
- ¡Pues estos dos!

Se acercaron los de la boda y ella sin ningún tipo de vergüenza les dio la enhorabuena y les dedicó una fabulosa sonrisa. No recuerda muy bien cómo ocurrió, pero de repente se apartaron del grupo y empezaron a hablar de quiénes eran y a qué se dedicaban. Informática y publicidad. Buena combinación. Sin más, se acercó un amigo de él y también comenzó a hablar con ella. Tenía que hacer algo... así que le dijo al amigo del chico de sus sueños:

- Te voy a contar un secreto pero no puedes decírselo a tu amigo, ¿vale?
- Vale.
- Tu amigo me encanta desde que tengo ocho años. - Esto se lo dijo al oído, para que Jorge (que así se llamaba su amor) no se enterase.
- ¿En serio? Mira, yo no le voy a decir nada porque me has dicho que es un secreto. Pero me parece algo precioso que se lo tienes que decir. Así que me voy para que se lo cuentes.

Se fue y le dejó sola ante el peligro. Pensaba que cuando se viera en esa situación, el miedo se haría dueño y señor de su estómago. Pero no, en su cabeza repetía una y otra vez la palabra va-lien-te... y lo mejor de todo es que así se sentía.

- Bueno, ¿qué secreto le has contado a Óscar?
- Pues... que no te lo vas a creer. Pero desde que tengo ocho años... eres mi amor platónico. Me encantas.

Jorge se quedó sin saber qué decir. Pasaron varios minutos hasta que empezó a reaccionar.

- ¿En serio me estás diciendo que a la chica con los ojos más bonitos que he visto en mi vida le encanto? ¿En serio me dices que una chica como tú se ha fijado en un chico como yo?
- Sí... me encantas.

Le regaló una sonrisa. De las de verdad. De las que se te tatúan en la piel sin pedirte permiso. Dejó varios segundos para saborear aquel momento. Después volvió a hablar, recuperando el aire que se le había perdido tras aquella noticia tan sorprendente.

- ¿Sabes que ahora tengo que besarte, verdad?

Y sí, se besaron el resto de la noche entre música que a ninguno de los dos les gustaba y restos de ron.



Basado en hechos reales

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martes, 31 de agosto de 2010

Ella vivía historias de película. De esas que se agarran muy fuerte en el estómago.

Desde que tenía 8 años sus ojos se hicieron aventureros. Andaba por la calle y se fijaba en esos detalles que para el resto del mundo pasaban desapercibidos. Fue así como un día, de repente (que es como ocurren las cosas buenas de la vida), sus ojos curiosos se posaron en él. Era un chico que no llamaba especialmente la atención pero su pulso acelerado le revelaba que aquel chaval no era alguien más, simplemente.
Vivían en el mismo barrio y lo veía cada cierto tiempo. Pasaron los años y nunca habían hablado. El tiempo, el azar o tal vez la forma de ser de ella le llevó a un grupo de amigos tan aventureros como ella. Por aquel entonces, Lola tenía 18 años. Siempre creyó en las casualidades y siempre decía que lo que más le gustaba de la vida era la capacidad que tenía de sorprenderla. Una noche Lola quedó con sus amigos, los cuales a su vez se trajeron a otros amigos. Y allí estaba él. El mismo chaval que tenía la capacidad de acelerarle el pulso o detenérselo en cuestión de segundos. Pero él ni la miró. No se fijó en ella. Ni un sólo segundo. Se sintió completamente anónima y pequeña. Comenzó a pensar que esto de los amores platónicos no era una buena idea. Y que el amor era un lujo que no podía permitirse.

Pasaron varios años sin que le volviera a ver. A veces lo veía de lejos, pero les tenía prohibido a sus ojos quedarse demasiado tiempo escrutándolo. Que luego el que se resentía era el corazón, y el pobre no tenía culpa ni espacio para más tiritas. Para Lola el verano era una época en la que ocurrían demasiadas cosas mágicas. Aquel verano cumplía 24 años. Habían pasado 16 desde la primera vez que vio a aquel chico. Los 24 años (o el verano) le trajeron varios amores de verano, de esos que terminan en la playa intentando resolver el mundo con las últimas gotas de alcohol revoloteando por la cabeza.

Sus amigos y ella decidieron salir para despedir el verano. Porque sí, aquellos meses se merecían un último homenaje por parte de todos. Se acabaron un par de botellas de ron en la playa entre todos y después fueron a bailar. El calor y el alcohol acentuaron la capacidad de Lola para encontrar aventuras y momentos únicos.  Subida a la tarima y bailando la típica canción del verano, lo vio. Allí estaba. Disfrazado de médico celebrando con sus amigos la despedida de solteros de alguno de ellos.



(Mañana la segunda parte)

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lunes, 16 de agosto de 2010

Ya no verás mi habitación. No verás el rojo de mis paredes. Ni el cuadro del Beso de Klimt que cuelga en una de ellas. Ya no te pararás a ver las polaroids que decoran ese rincón tan mío, ni leerás todas las frases que rodean mi puerta y que nunca te dije. Ya no sabrás qué carteles de películas cuelgan de mi estantería, ni cuántos archivadores tengo. Nunca verás mi lista de cosas por hacer antes de morirme. Ni el mapa de Nueva Zelanda con la ciudad de Auckland rodeada. Nunca verás lo grande que es mi armario y lo lleno que está de recuerdos. No verás mi reloj de Audrey Hepburn que hace tiempo dejó de marcar las horas, ni mi cuadro de algún café de París donde iré algún día. Ya no verás el tapiz que tengo por colcha, ni verás el brillo de mis ojos al contarte que me lo regaló una de las personas más importantes de mi vida un diciembre en Camden Town, Londres. Nunca sabrás lo que ven mis ojos cada vez que me asomo a mi ventana. Ya no nos tumbaremos en mi cama para callar a mis vecinos con nuestros orgasmos.

Alguien dijo que mientras no elijamos, todo es posible. Contigo, ya nada lo es. Ya he tomado mi decisión. Ya he elegido mi camino.


 Duró mientras fue un placer.

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martes, 20 de julio de 2010

Cuatro años después de aquello. Tres mil cuatrocientas cincuenta y siete lágrimas después. Trescientas sonrisas guardadas en el cajón durante varios meses. Después de todo empiezo a comprender que lo nuestro no fue más que una cita a ciegas que se hizo bastante larga.

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lunes, 14 de junio de 2010

Aquel otoño nunca fue nuestro

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domingo, 6 de junio de 2010


Y de repente me olvidé. Me olvidé de tu sonrisa de bicarbonato y de tu risa acompasada. Me olvidé de tus ojos de chocolate amargo y de las líneas de tus manos. Me olvidé de la forma que tenías de buscarme entre los reflejos de los bares. Me olvidé de los besos que me diste y de los que se llevó el viento. Me olvidé de lo espontáneo de tu persona y del pretérito imperfecto. Me olvidé de tu cara de niño bueno y de tu modo canalla. Me olvidé de los paisajes que vimos y de las camas que habitamos. Me olvidé de las letras que te escribí y de las pasiones que me tatuaste. Me olvidé de cómo cazábamos imposibles haciéndolos realidad y de cómo llenabas de felicidad efervescente mi cofre cardiovascular. Me olvidé de que un día te quise siempre.

Y de repente me olvidé...

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sábado, 29 de mayo de 2010

Sucede que a veces me canso. Me canso de muchas cosas. Me canso de esperar(le), de escuchar el tictac del reloj, de las miradas vacías, de las palabras sin sentido, de los besos embusteros y de las caricias a destiempo. Sucede que a veces me canso y un suspiro se convierte en algo interminable. Cuando me canso parece que no encuentro mi camino, que no veo la luz al final, que las espirales invaden mi espacio vital (y me dejo caer en ellas). Sucede que a veces me canso de este pulso a la vida, de perder las esperanzas en desagües olvidados, de no recibir cosquillas. Me canso de vivir esta vida sin mí. De ser una mera espectadora sin ser capaz de convertirme en la absoluta protagonista de mi historia.

Y es que, señoras y señores, sucede que a veces me canso...

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sábado, 15 de mayo de 2010

Esto es algo que escribí hace mucho tiempo. Tras el punto y final de algo que nunca llegó a ocurrir. Ya ha llovido mucho desde entonces. Quizás por eso ahora desnudo un poco más mi alma y lo publico. Para ti.

Me emborracho de recuerdos. Y aún duelen. Llegaste como el viento de invierno. Frío, que te corta la respiración. Te anudaste a mi garganta y a mi pecho para después marcharte por el mismo sitio donde viniste. Era la época en la que Ismael Serrano ponía banda sonora a nuestras noches. Y yo también sentí vértigo. Pero el reloj de nuestro tiempo se paró. Y a las noches le siguieron los días. Sin ti. Siempre sin ti. A base de esperas que desesperaban, de suspiros perdidos, de escalofríos malintencionados... me convertiste en Octubre. "No pierdas tu tiempo obstinado en mantenerte coomo un viento a mi lado". Curioso mi calendario. La dulce y tierna niña de la historia de amor se convirtió en rana que odiaba a las princesas, en la Caperucita que se comía al lobo, en la tonta que tocaba el huso hasta caer en un interminable sueño.
Y ahora, después de tanto tiempo, te veo por la calle, nos cruzamos y chocamos... sin arriesgarnos a mirarnos por miedo a que el vértigo vuelva a nuestros días e Ismael Serrano a nuestras noches.


Palabras nómadas entre tu boca y la mía...





Pregúntame lo que quieras en formspring.me :)

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miércoles, 14 de abril de 2010


Aquellos fueron los días en los que lo extraño se coló en lo cotidiano. Porque con él el mar se ve de otra forma. Y es increíble enseñarle a un madrileño que en Madrid también brillan las estrellas (y casi tocarlas). Él es una buena forma de escapar de la rutina e imaginar que cada día puede ser una nueva película. Sin saber muy bien cómo ni por qué, él se convirtió en uno de mis rincones favoritos de aquella ciudad. Él es la mejor manera de llegar a Barajas y coger el primer avión hacia ningún lugar. Para simplemente cerrar los ojos y soñar. Y pensar que cualquier cosa es posible. Sólo hay que desearlo. Él fue mi kit-kat, mi noche tras las luces, y mi "salta va-lien-te". Él es todas las películas que se pueden ver en diciembre, en enero y en abril. Él colectiviza emociones. Él no es azul. Él es cualquier color. Él es mi fiel pensamiento de que aún existe alguien con el que contaré relámpagos en noches de verano.

Él se llama Alberto. Él es un buen amigo, un buen recuerdo y un buen punto suspensivo.

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