martes 27 de octubre de 2009


Miro hacia fuera y es de noche. Las farolas alumbran la calle, son la luz de esta noche. La gente camina en un tremendo caos perfectamente organizado. Y es como si la música de sus pensamientos saliera de sus mentes para poner banda sonora a esta locura sin nombre. Mi reflejo está en el cristal de la ventana. Mis ojos, mi nariz, mi boca.
Vuelvo a mirar hacia fuera y ahora no veo nada. No veo ni el silencio. Ya no están las estrellas en el cielo pese a que cada vez la noche es más oscura. Por no estar, no estás tú.

Y si no salgo a buscarte es porque sé que corro el riesgo de encontrarte. Ya no hay risas que se esconden en las comisuras de mis labios. Ya no hay vacío esperando a ser llenado. Ya no hay besos que juegan con mi calma. Ya no hay nada.

jueves 22 de octubre de 2009

Tenía la mirada fija en su Coca-Cola matutina. Aún quedaban quince minutos para entrar a trabajar. La chica de vaqueros anchos y camiseta rosa que estaba a su lado pidió un café con leche. Con leche desnatada. Esto le llamó la atención y desvió la mirada de la Coca-Cola para ver su larga melena y su inmensa sonrisa.
Desde ese instante, la chica que pidió un café con leche desnatada se convirtió en algo similar a la Coca-Cola matutina o a su libro antes de ir a dormir: imprescindible.

jueves 15 de octubre de 2009

Me regaló una sonrisa de medio lado y fue motivo suficiente para introducirme en su boca. No acostumbro a llevarme a los tíos con los que me acuesto a mi casa, así que fuimos, como si de una película de serie B se tratara, a un motel de carretera. Y como en toda película de serie B, el motel no podía ser más mugriento. En otras circunstancias aquello me habría repugnado, pero en esa ocasión me sentía más cachonda que nunca. Aquella era mi noche y era mi película de serie B. Yo era la protagonista y exigía un polvo que hiciera retumbar los cimientos de aquel motel (que viendo las instalaciones no era muy difícil conseguirlo).

Como si fuera nuestro último día en el mundo, nos besamos con tanta fuerza y tanta pasión que creo que llegué a sangrar. Me besó y le besé en sitios tan escondidos que ni yo misma sabía que teníamos. Los botones de su camisa salieron disparados cuando se la rompí para quitársela. Lo empujé hacia la cama y me puse encima de él. Repito: era mi película, mi polvo, y ahí mandaba yo. Al menos, de momento…

Empecé a besarle. Primero la boca, luego la oreja, luego el cuello, luego el pecho, luego el ombligo… y le hice una mamada que ni él ni yo olvidaremos. De repente me cogió y me tumbó en la mesa pequeña que había en mitad de la habitación (¿qué hacía aquella mesa allí) con bastante violencia. Se comió hasta mi alma dando paso al primer orgasmo. Cuando quedó satisfecho, me empujó contra la pared y empezamos a follar. Sí, aquello no era hacer el amor. Aquello era follar, así sin más. De la pared nos fuimos a la cama, de la cama al suelo, del suelo al baño. Nos faltaba sitio. Ahí estaba yo, cabalgando encima de un extraño que se había metido en mí. Y de qué manera…

Así pasamos la noche. Follando. Cuando dijimos que ya habíamos tenido bastante, nos quedamos dormidos en aquella cama empapada por nuestro sudor. No suelo quedarme a dormir después de un polvo de esa clase. Pero el alcohol y el cansancio no me permitieron irme a casa. Eran las cinco de la mañana y en la oficina me esperaban a las 9.

A las 8 empezaron a entrar los primeros rayos de luz que me despertaron. Me di una ducha y me vestí igual que la noche anterior. Pasaré por casa para cambiarme de ropa antes de ir a currar, pensé. Cuando estuve a punto de irme, él se desperó.

- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Te marchas ya?
- Sí, entro a trabajar dentro de media hora y tengo que pasarme por casa.
- ¿Quién trabaja un sábado por la mañana?
- Alguien como yo que tiene una cita con un cliente.
- Bueno, pues espero que te vaya bien. Y espero volver a verte.
- …
- Hasta pronto.
- Hasta pronto.

Llegué al trabajo casi media hora tarde. Cuando llegué a la oficina, el cliente estaba esperándome en mi despacho. Entré con bastantes prisas y apenas me fijé en él. Cuando le estreché la mano me volvió a regalar su media sonrisa. Y de repente recordé cómo la noche anterior se comió hasta mi alma. Y yo la suya.

A mi derecha alguien había traído la nueva mesa de Ikea que encargué la semana anterior.




Fin.

miércoles 14 de octubre de 2009

Como si hubiese explotado de pronto una bombona de butano, me levanté de la cama. Aún estaba empapada por el sueño anterior. Lo curioso era que no recordaba nada de lo soñado. Bien podría haber sido una pesadilla o la más tórrida vigilia vivida. Siempre que me quedo en el duermevela me levanto mojada. Curiosa observación. Varias horas antes ya había decidido qué hacer aquél viernes por la noche.

Tras varios intentos de quedar con Sofía, María e Irene, me dispuse a prepararme para salir yo sola. Hacía bastante que no iba al centro y ya no sabía qué lugares estaban medianamente bien para cogerme la cogorza del siglo. Así que, por si las dudas, fui a todos.

De un extremo a otro. Uno de esos locales se llamaba Pink Flamingo. Era lo que denominaban un local “chic”. Las mesas eran más altas que los propios asientos (lo que resultaba bastante incómodo). La decoración iba desde el estilo retro hasta lo más vanguardista que había visto hasta el momento. Las paredes eran de tonos color tinto con motivos en negro. Todo muy de diseño. Todo muy casposo. Y la gente que se encontraba allí pues más de lo mismo.

Me senté en la barra. Gesto típico de una chica solitaria en una noche de viernes. Iba a empezar a beber algo suave, pero me decanté por un tequila seco con limón, sin sal. No sé si fue el halo de misterio que una chica joven levantaba tras ella al estar sola en un sitio como aquel. O tal vez fueron los vaqueros ajustados y el escote delantero y trasero que decidí lucir aquella noche junto con unos labios rojos que podían verse a varios metros de distancia. Los tacones podían ayudar también. En definitiva, no sé qué fue, pero todos los hombres de aquel local se llegaron a sentar a mi lado para invitarme a una copa, a un baile, o a cosas algo más subidas de tono.

A alguno que otro le acepté una copa. Pero no llegué a más. Pero con cada gota de alcohol que entraba en mi cuerpo, mis ganas de sexo iban creciendo. En momentos como ese pensaba que debía dejar de ser tan exigente. Total, un polvo es un polvo. Y si te he visto, no me acuerdo.

Cuando estuve dispuesta a irme porque el tequila es muy traicionero, entró en el local él. Tenía aspecto de hombre de negocios bastante mayor que yo (quizás 13 o 15 años). No era guapo, pero me atrajo con sólo una mirada. Llevaba unos pantalones chinos una camisa remangada al codo. Su pelo era canoso y aparentemente no estaba bien peinado. Barba de un par de días. Lo bueno de todo es que él también estaba solo y también se fijó en mí. Se dirigió a la barra y se sentó a mi lado. Justo cuando abrió la boca para decirme algo le dije:

- Llevo esperándote toda la noche. Por fin has llegado.



Mañana la segunda parte...

domingo 11 de octubre de 2009

Y llegó Octubre.

Y sigo esperando en esta orilla a que vengas a por mí una vez más. Te espero para contar las hojas secas que los árboles empiezan a llorar en este otoño. Espero para enseñarte que me he comprado un faro particular, para que siempre me ilumine el camino de vuelta a casa.

Sigo esperando. Y a veces parece que veo un barco a lo lejos que lleva tu nombre.

Pero hoy, sigo esperando...

martes 29 de septiembre de 2009

Ahora dicen que hay muchos más universos, infinitos como el nuestro. No sé si esto será cierto. Lo que sé es que seguiré sonriendo en nuestro parque donde me escondo, te observo y te puedo decir "yo mataré monstruos por ti". Porque conseguimos eliminar aquello que no nos gustaba. ¿Lo has visto? No hay nada de lo que tanto odiabas. Y todo lo que siempre nos marcaba, fue encerrado en cien mil llaves. Si lo escondimos en las dunas, fue para no abrirlo, jamás.
Y en Madrid vislumbramos entre aquellas nubes la Estrella Polar. Nunca olvidaré el día en el que me dijiste que yo era tu niña imantada... Lo que no has de olvidar tú es por qué me llaman Octubre.

Y es que, señoras y señores, Love of Lesbian y yo tenemos una cita el 7 de noviembre en Madrid en la Sala Riviera.

sábado 26 de septiembre de 2009


Mi vida es una pura contradicción. Te espero cada día sentada en el borde de la cama, que resulta ser mi abismo particular. Te espero porque quiero volver a enredarme contigo en un beso (en espiral, como tú me enseñaste). Y nos acostamos en esa cama. Te acaricio la cara hasta que te duermes, hasta que siento que te has dormido. Entonces (y sólo entonces) me separo de ti y me voy a mi lado de la cama. Me gusta dormir sola... contigo a mi lado.






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