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miércoles, 15 de julio de 2015

A lo largo de la historia, no han sido pocos los intentos de definición del amor. He llegado a una conclusión muy sencilla. El amor no es más que encontrar aquello que, consciente o inconsciente, llevabas tiempo buscando. Durante mucho, me declaré en huelga y, posteriormente, en guerra. Era un muertealamor. Pero si cierro los ojos y respiro calmadamente, me descubro tiempo atrás buscando a alguien en las nubes, en el otro lado de mi almohada, en las arrugas de mis sábanas los sábados por la mañana, frente a mi café mañanero, en la ausencia de los tequiero, en los no besos en las clavículas, en los rotos de mi descosido, en las costuras que se ven y en las que no, en los maremotos intravenosos, en la efervescencia del momento. Siempre lo he estado buscando. O esperando.
Y de repente, apareces tú para poner mi mundo bocabajo, para replantearme todas mis convicciones, para hacerme ver que lo que arde fuerte como el fuego, acaba quemándote y de manera forzosa, lo tienes que alejar de tu vida. Para convertirte en mi sol de invierno, que calienta y reconforta sin quemarme hasta hacerme cenizas.
Apareces tú, para ser el súper héroe de los días de mierda, de los de las lentejas de mi madre, de las reuniones catastróficas, de las entrevistas que te hacen perder el tiempo, de los sinsentidos del minutero, de las canciones de Nacho que te atraviesan como mil cuchillos. Apareces tú para hacerlo todo más fácil: los silencios incómodos, los momentos de aburrimiento, el futuro, mis ataques de pánico, las noches de insomnio, los días inciertos, los suspiros al viento.
Tienes la capacidad de coger todas mi bola gigantesca de conflictos internos y reducirlas a la mínima expresión. Y todo con un simple beso en los párpados.

Creo que ni tú mismo eres consciente de la magia de tus dedos. Algún día te contaré cómo lo haces. Pero hoy no es ese día.


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Cuando todo estalle

jueves, 9 de abril de 2015


He vuelto a las camisetas anchas, a los moños en el pelo, a ponerme su ropa. He vuelto a dejar que los ojalás se me anuden en los dedos, que un tiempo que ya fue llame a mi puerta de nuevo, al tiempo condicional del verbo.

¿Sabes ese momento en el que todo está en calma? ¿Esa milésima de segundo en la que no oyes nada, en la que sólo te da tiempo a suspirar? El momento previo a que todo estalle. Ahí puedes encontrarme.

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viernes, 28 de junio de 2013

Siempre he dicho que tengo un problema de memoria: lo recuerdo absolutamente todo. Y si os digo que no recuerdo haber querido a alguien tanto como le quiero a él es porque es cierto. Me parece increíble la manera en la que mi cabeza y su hombro encajan como dos piezas de un puzzle. O esa manera que tiene de encogerme el estómago (y el alma) cuando me acaricia la espalda sin que yo me lo espere. O esa capacidad que tiene de poner mi mundo bocabajo o bocarriba con una sola mirada. Y si empezamos a hablar de miradas... He leído mucho sobre estos temas pero siempre he pensado que era simple literatura para personas enamoradizas, no para mí. Que todo lo que decían era mentira. Pero de repente llegó el día en el que me desperté con él y me estaba mirando. Y me estaba viendo (que es lo más importante). Y sin necesidad de decir nada, supe a ciencia cierta que me había convertido en una de sus personas favoritas. Nadie me ha mirado nunca como me mira él. Nadie me sonríe como lo hace él. Con él he aprendido muchas cosas, pero una de las más importantes ha sido saber que el desamor no dura eternamente.
Supongo que todo esto puede resumirse en que estoy enamorada. Qué suerte la mía por haberle encontrado.


No hay aboliciones. De tus sesos soy esclavo...

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jueves, 20 de junio de 2013

Hace no mucho me preguntaron cuáles habían sido las 10 canciones que habían marcado mi vida (por unos motivos o por otros). Supongo que este es el resultado, aunque bien podrían ser otras 10 completamente diferentes. O 20... quién sabe.

1. Mediterráneo, Serrat.
2. Wish you were here, Pink Floyd.
3. Lija y terciopelo, Marea.
4. Winter, Joshua Radin.
5. Descuida, Albertucho.
6. Forever Young, Youth Group.
7. Comptine d'un autre été, l'après midi, Yann Tiersen.
8. Y sin embargo, Sabina.
9. Vértigo, Ismael Serrano.
10. Englishman in New York, The Police.

Y añadiría alguna de Extremoduro, de Platero y tú, de Vetusta Morla, de Love of Lesbian, de Marwan, de Damien Rice, de Mark Knopfler, de Death Cab for Cutie, de The National, de Lori Meyers, de Jamie Cullum, de Simon & Garfunkel...

Pero hoy, concretamente hoy, me he acordado de lo Mediterránea que soy. Que estoy hecha de mar...



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sábado, 23 de febrero de 2013



Que te quedes en mi piel para estar en calma. Así ha sido hasta ahora. Los problemas vienen cuando pido (o piden) ir más allá, traspasarla. Es entonces cuando ya no te gusta lo que ves, ya no es suficiente con mis locuras y mis idas y venidas. Ya no basta con la risa a deshoras o el sexo de por la mañana. Ya no sirven de nada mis miradas de viernes ni que me sepa de memoria todas tus esquinas (incluso las rotas). Ya no basta con que me conforme con todas tus imperfecciones.

Es entonces cuando llega ese momento en el que te cansas de contarme los lunares. Entonces ya sé que no aparecerás en mi álbum de fotos. Que estarás en un cajón. Y todo se apaga. Y así siempre.

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miércoles, 20 de febrero de 2013

"La única gente que me interesa es la que está loca. La gente que está loca por vivir, loca por comunicarse, deseosa de tenerlo todo al instante, la que nunca bosteza ni habla de lugares frecuentes, sino que arde... arde y arde como bengalas en mitad de la noche".

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miércoles, 23 de enero de 2013



No sé si me entendéis cuando digo que aún no se han inventado las palabras que realmente la describen. Porque sí, ella es dueña de las palabras "magia", "confianza", "siempre". Ella es ella. Es de ese tipo de personas por las que pilotarías una avioneta desde Málaga hasta Sevilla (o a culquier lugar del mundo) sólo para hacerle reír o sentir su respiración una vez más.

¿Sabéis esas veces, cuando os preguntan "¿de quién te sientes orgullosa?", "¿cuál es tu mejor recuerdo?", y ese tipo de cosas? Pues bien, yo me siento orgullosa de ella. Porque es como es, un maremoto intensísimo. Y el día que la conocí pasará a ser uno de los mejores momentos de mi vida. Porque ella ha conseguido que le eche de menos cada minuto que pasa. Pero tiene el don de acortar las distancias, incluso las más largas. Porque es oír su voz y sentir que nada malo me puede pasar.

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viernes, 4 de mayo de 2012

Llegaste de repente, sin esperarlo, como las cosas buenas (que llegan sin avisar). Y sin previo aviso, mi felicidad tenía tu nombre y apellidos. En muy poco tiempo me has dado lo que buscaba: una montaña rusa con subidas y bajadas, con pellizcos en el estómago y sonrisas efervescentes. Me enseñaste que se puede querer aquello que aún no has visto. Y por eso, después de tanto tiempo, he podido volver a decir esas dos palabras que tanto miedo me daban: te quiero.
Te quiero porque tu espalda es "casa" y ahí, aunque intenten pillarme, no pueden hacerlo. Te quiero porque sé que matarías monstruos por mí. Te quiero porque el espacio que hay entre tu cuello y tu hombro es perfecto para mi cabeza. Te quiero por aquellos besos. Te quiero por aquel sábado. Te quiero porque si tuviese que escoger un sitio para vivir, sería tu habitación (y me da igual donde esté). Te quiero porque consigues que quiera olvidarme de todo lo demás. Te quiero porque eres mi primer y último pensamiento del día (y también los 587 que hay en medio). Te quiero porque me has regalado una bolsa llena de ilusiones nuevas. Te quiero porque conseguías poner mi piel en guardia con un simple roce. Te quiero porque me basta con el hueco que hay debajo de tu cama (o un banco de una plaza de Málaga) para sentir que voy a explotar de felicidad. Contigo. Siempre contigo.
Y no sé si esto servirá de algo o si este nudo de la garganta se irá en algún momento. Tampoco sé si sigues viéndome cuando cierras los ojos. O si quieres verme, a secas. Pero este es mi último cartucho... y no puedo obligarte a que me quieras. No sé cómo hacerlo. Y tampoco sé si puedo. Cuatro años estudiando publicidad y marketing para ahora no saber cómo convencerte de que te quedes a mi lado. Sólo puedo decirte una cosa: déjame ser tu casa.

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jueves, 12 de abril de 2012

Llevo una gabardina roja en los días grises y gafas de sol cuando está lloviendo. Por si en el último momento todo cambia.



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viernes, 30 de marzo de 2012

Primer balance de mi vida en Madrid.

Han pasado ya dos meses y diez días desde que pisé tierras madrileñas con la intención de quedarme. Bien, hagamos balance de las cosas que me han ocurrido:

- Me he enamorado más de esta ciudad. Cada día encuentro un sitio nuevo. Se me coge un pellizco en el estómago cada vez que estoy en Gran Vía y pienso que estoy cumpliendo mi sueño.
- He crecido. He madurado. Ya no está mamá para hacer de comer, o lavar la ropa, o limpiar la casa. Ya tengo que hacerlo yo.
- He saboreado la independencia. Con sus pros y sus contras.
- Estoy valorando todo lo bueno que me daba Málaga y que no veía estando allí.
- He averiguado quién está y quién no.
- He encontrado trabajo. En una agencia de publicidad. En plena crisis.
- He comprobado que no era imposible que mi corazón volviese a latir por alguien. Aunque la historia, finalmente, no haya salido bien. No importa. Le agradeceré eternamente que, después de tanto tiempo sin sentir nada por nadie, haya conseguido producir esta hecatombe.

Y la lucha sigue. Pero en Madrid. Porque en octubre dije "la próxima vez que vuelva, será para quedarme". Y yo cumplo mi palabra.

Gracias, Madrid.

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miércoles, 21 de marzo de 2012

Has llegado para quedarte porque quiero que te quedes. Quiero ver como resucitas cada mañana. Aprenderme de memoria tu forma de respirar. Respirarte. No sólo te imagino entre mis piernas, conquistando mis caderas. Te imagino (nos imagino) en las cosas más simples, en esas que pasan desapercibidas para el resto del mundo. Imagino acariciándote la nuca mientras esperamos en un paso de cebra. O rozándote con mi nariz mientras bebes café en el sitio más bonito de mi nueva ciudad. Quiero pasear mis dedos por las líneas de tus manos y jugar a adivinar el futuro sabiendo que, lo mejor de todo, es que no podemos controlarlo. Merendarme el chocolate de tus ojos. Y tus nudos. Reírme contigo mientras jugamos a cualquier videojuego. Descubrir nuevas canciones e inventarnos cientos de ellas. Aprender que la vida es un juego y tu espalda... mi casa. Porque ahí siempre será casa.
Quiero que nos inventemos cuentos y lugares donde poder gritar cada vez que lo necesitemos. Viajar contigo en el metro y romperte, de repente, los esquemas. Te imagino cerrando círculos, cerrando historias abiertas, porque has encontrado la casualidad que estabas esperando. La más grande de todas. Que tiene mi nombre. Que cuando me presentes a tus imprescindibles les digas "es ella". Nos imagino paseando por todos esos sitios que recorro cada día sin ti. Enseñándote mi día a día. Conquistando cada esquina tuya. Decirte todo lo que me haces sentir en cualquier momento. En cualquier restaurante. En cualquier parque. En cualquier colchón. Que me conviertas en ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción.

Por todo esto y por todo eso que no me sale porque las lágrimas me paralizan hasta los dedos, te digo una cosa: quédate.

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jueves, 1 de marzo de 2012


- ¿Y si salen más contras que pros?


- Pues buscamos más pros.

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viernes, 24 de febrero de 2012

Te dije que cuando escribo me explico bastante mejor. Pero no es el caso. Llevo más de media hora frente al folio en blanco, intentando poner palabras a estos sentimientos. Y es que esto es una locura, que no debería estar pasando, que yo debería estar luchando ahora mismo por ir en contra de todo este remolino. Pero no, aquí estoy. Plantada en mitad de un océano sin saber muy bien si la tormenta traerá consigo un bote salvavidas para mí.
Miedo. Esa es la palabra que mando al viento con cada parpadeo. Miedo a encontrarte un día de repente. Y lo que es peor: encontrarme a mí. Miedo a que los pequeños ataques de corazón que me dan cada vez que me escribes no desaparezcan nunca. Miedo a que esto sume en lugar de restar. Miedo a dejarme llevar. Miedo a que te dejes llevar. Miedo a que me empieces a querer. Miedo a que no lo hagas nunca.
Soy un cúmulo inagotable de contradicciones. Porque estas ganas de odiarte son sólo comparables a las ganas que tengo de quererte. Quiero ser valiente. Quiero que me enseñes a ser valiente. Que me ayudes a olvidar las heridas y que me quites las vendas de los ojos. Quiero decirte que no hay un sólo segundo del día que no te imagine conmigo. Que yo cuando siento, no lo hago sólo con el corazón. Lo hago con mis pulmones, con mi cerebro, con mi estómago. Por eso, además de las taquicardias y de las horas muertas pensando en el por qué, en mi estómago se ha instalado un nudo que tiene tu nombre. Y no se va. Y no estoy segura de querer que se vaya. Porque yo no quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo. Que me elijas a mí. Sí, esa es la verdad de todo. Que seas el agua de la piscina a la que estaría dispuesta a tirarme. Porque yo te esperaría.
Quiero tocarte por debajo de la piel. En esos lugares tan tuyos que aún nadie ha sabido colonizar. Que descubras en mis lunares nuevas constelaciones. Que nos miremos... y nos veamos (que parece tan difícil ahora mismo). Susurrarte al oído que todo irá bien, que si te caes te ayudaré a levantarte. Que convertiré tus lunes en sábados. Y que el siempre será ahora. Y el ahora siempre.

Es curiosa la mecánica del corazón. Cuando ya pensaba que no me quedaban fuerzas para sentir, apareces tú. De repente. ¿Pero cómo has llegado hasta aquí? No sé cómo narices has entrado y has conseguido quedarte.
Pero me conozco. Sé que soy una veleta. Y que el miedo me paraliza. No sé dónde estaré mañana. No sé qué seré ni qué sentiré. No sé si estaré. Quiero estar. Por una vez, quiero estar. Y todas estas palabras de poco han servido porque puedo asegurarte que no consiguen transmitir todo lo que estoy sintiendo. No puedo pedirte nada, aunque quisiera pedírtelo todo. Sólo puedo quedarme aquí, de momento. En mitad del océano y cruzar los dedos para que la tormenta me regale un bote salvavidas.

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Querido Sergio

martes, 21 de febrero de 2012

Sabes que sigo enfadada contigo, ¿verdad? No es bonito aparecer en la vida de una persona y conseguir que sobren las palabras. De hecho, es una putada. Con sólo mirarte sabías lo que pensaba, sabías lo que temía, sabías lo soñaba, sabías lo que necesitaba. No hacía falta buscar las letras para explicarme. Hacías que todo fuese fácil. ¿Recuerdas cuando me enseñaste a hablar con la mirada? También me enseñaste que el "perdono pero no olvido" no lleva a ningún sitio. Que lo mejor es olvidar. Pero no me enseñaste a olvidarte. Porque lo que no sabías es que hay ciertas cosas inolvidables. Te convertiste en mi tatuaje. Toda mi piel está grabada con las letras de tu nombre y con cada uno de los momentos vividos. Pero quedaban muchos huecos por tatuar, huecos que esperaban pacientes esos momentos que nos quedaban por protagonizar.
Ahora me he perdido. Y tú ya no estás para encontrarme. Me siento en un lugar donde no hay ni una sola puerta. Y grito porque quiero verte. Tengo ganas de verte hasta cuando cierro los ojos. La gente no se puede imaginar lo dura que se hace la vida sin tus manos acariciándome la cabeza, sin tu sonrisa canalla, sin tu sarcasmo. Todavía pienso que, cuando menos me lo espere, te vas a meter en mi cama para dormir conmigo y contarme tus idas y venidas, tus heridas de guerra, tus esperanzas viajeras.
Quiero contarte que al final lo hice, salté por la ventana (¡valiente!). Estoy viviendo en Madrid. He superado el frío y los temblores (¡ay! qué tontos aquellos que pensaban que temblaba por los grados negativos que marcaba el termómetro). Te encantaría vivir aquí. Conmigo. Aquí hay conciertos cada día. Y monólogos. Y magia. Lo bueno de esta ciudad es que, pase el tiempo que pase, siempre encontrarás un rincón nuevo. Yo sigo explorando. Pero joder, no es lo mismo sin ti.
Has conseguido que odie el mes de febrero con toda mi alma. Estarás contento. Aquella noche fue la más... ¿ves? ahora que no estás, tengo que buscar las palabras y hay algunos sentimientos que aún no han sido descritos. Me partiste en dos. Y una de esas mitades te la llevaste. Y oye, que me parece bien. Un día te la regalé, te dije que esa parte siempre sería tuya. Y lo he cumplido. Pero eso no quita que ahora sea todo mucho más difícil. Que ya no encuentro caminos en línea recta y que las risas enlatadas de las series ya no me hacen tanta gracia.
Que lo que te quiero decir es que te echo de menos. Todos los días. Cada segundo. Que estás presente en cada cosa que hago. Que eres lo más inolvidable que me ha pasado en la vida. Y lo mejor. Que tengo clarísimo que si alguien viniese con una varita mágica y me concediese un único deseo, querría volver a verte al menos una vez más.
Eh, no vale llorar. Te quiero en mi mente siempre con una sonrisa. Así que sécate esas lágrimas y vuelve a recordarme (como puedas, que supongo que los móviles y el email allí no funcionan) que me quieres y que soy la niña de tus ojos.
Me despido por ahora. Te veo dentro de un rato, cuando consiga dormir. Te quiero pequeño. Algún día conseguiré perdonarte que me dejases sola en medio de esta tormenta.

D.

Un día como hoy perdí al mejor amigo que he tenido en mi vida.

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sábado, 18 de febrero de 2012

Los finales felices no se hicieron para mí. Ni los besos en la frente, ni los abrazos por sorpresa, ni los yomatarémonstruosporti. He vuelto a perder esta partida, he vuelto a dejar que entren al salón y se hagan dueños y señores de las cosas que nunca nos dijimos. Cansada de que esto siga siendo un continuo ensayo y error. Error, error, error. Se me había olvidado que cuando derroto a un miedo, aparece otro más grande y más fuerte. Y no quiero esto. Por una vez, no quiero esto. Quiero ser capaz de mirarte a los ojos y decirte sin que me tiemble la voz: te necesito. Y que aprendas de una puta vez a ser valiente y a comprender que estoy muy lejos de ser tu enemigo. Aunque sepas que una vez fui esa gran hija de puta que marcó la vida de alguien. Sigamos empeñándonos en mantener caliente la cama. Aunque en el fondo sepamos que nos provoca quemaduras de lo fría que está.

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martes, 14 de febrero de 2012

Hoy he conocido a un señor. No sé exactamente de qué país era. Supongo que de Europa del este pero no estoy segura. Tocaba el violín. Tocaba el violín de una manera que nunca antes había escuchado. Me he quedado un rato en un sitio donde él no podía verme. He estado sintiéndolo. Luego me he acercado y le he dado una moneda. Me ha dado las gracias y me ha besado la mano. Me ha explicado la historia de su violín. Me ha enseñado que es de madera en lugar de metal, que se lo dio un señor americano. Que es bueno y que le vale para tocar allí, en el metro. Pero en su casa tiene uno que es el que no se atreve a sacarlo "porque, no sé si me entiendes, niña bonita, pero no todos son tan buenos y amables como tú. Ya me han robado muchas veces aquí". Me ha contado por qué no le gusta el actual presidente del gobierno y por qué le cae bien Rubalcaba. Me ha dicho que soy inteligente, que me he parado a escuchar las cosas de un viejo loco. Y yo le he sonreído. Me ha vuelto a besar la mano y me ha vuelto a llamar niña bonita.

Estas historias hacen que me enamore cada día más de esta ciudad.

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sábado, 4 de febrero de 2012



Los/as que cogéis textos y fotos sin permiso, los publicáis en vuestro blog y les hacéis creer a vuestros seguidores que lo habéis escrito vosotros/as, ¿de verdad pensáis que nunca os van a pillar?

La mentira tiene unas patas muy cortas, amigos/as.

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Lo que me gusta de Madrid

jueves, 2 de febrero de 2012



La primera vez que estuve en Madrid fue cuando tenía 11 años. Cuando nos volvíamos en coche después de un fin de semana estupendo, le dije a mi padre "papá, algún día viviré aquí". Me sonrió y respondió: "lo sé". Han sido varias veces las que he querido venirme. Pero no ha sido hasta ahora, 14 años después de aquella primera vez, cuando por fin me he decidido a dar el salto.

Me gusta el metro. Me encanta imaginarme las historias de todas esas personas a las que miro e ignoran que lo hago (o lo saben pero les da igual).
Me encanta sentirme pequeña, muy pequeña, bajo todos esos edificios gigantes.
Me gusta seguir descubriendo cosas nuevas pese a conocer ya tan bien esta ciudad.
Me gusta que aquí el vaho sea de verdad.
Me gusta tener tantas cosas que hacer, tantos proyectos, tantas ideas... que no sepa por dónde empezar.
Me gusta ser una desconocida absoluta.
Me gusta el café del Starbucks.
Me encanta salir cualquier día entre semana y que siempre haya algo que hacer.
Adoro esta sensación que me transmite Madrid de "todo va a salir bien".
Me gusta ver a la gente con bufanda, abrigos, guantes... porque aquí sí es invierno.
Me gusta sentir que no me quiero ir de esta ciudad.

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jueves, 5 de enero de 2012

He decidido que 2012 será el año de las revoluciones internas. Porque con una película aprendí que somos máquinas capaces de alcanzar los 200 kilómetros por hora pero que nunca sobrepasamos los 80. Y yo no quiero eso. Llevaba demasiado tiempo dormida. He despertado y soy más soñadora que nunca. Así que me voy a, eso... a perseguir algunos de mis sueños.

La señorita Octubre se muda a Madrid. A la ciudad que le provoca maremotos intravenosos.  ¿A cuántos de vosotros os veré por allí?

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lunes, 2 de enero de 2012

2011 será recordado como el año en el que todo lo que pudo salir mal, salió mal.
y cómo el frío no llegó ni a rozarnos.

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