viernes, 4 de mayo de 2012

Llegaste de repente, sin esperarlo, como las cosas buenas (que llegan sin avisar). Y sin previo aviso, mi felicidad tenía tu nombre y apellidos. En muy poco tiempo me has dado lo que buscaba: una montaña rusa con subidas y bajadas, con pellizcos en el estómago y sonrisas efervescentes. Me enseñaste que se puede querer aquello que aún no has visto. Y por eso, después de tanto tiempo, he podido volver a decir esas dos palabras que tanto miedo me daban: te quiero.
Te quiero porque tu espalda es "casa" y ahí, aunque intenten pillarme, no pueden hacerlo. Te quiero porque sé que matarías monstruos por mí. Te quiero porque el espacio que hay entre tu cuello y tu hombro es perfecto para mi cabeza. Te quiero por aquellos besos. Te quiero por aquel sábado. Te quiero porque si tuviese que escoger un sitio para vivir, sería tu habitación (y me da igual donde esté). Te quiero porque consigues que quiera olvidarme de todo lo demás. Te quiero porque eres mi primer y último pensamiento del día (y también los 587 que hay en medio). Te quiero porque me has regalado una bolsa llena de ilusiones nuevas. Te quiero porque conseguías poner mi piel en guardia con un simple roce. Te quiero porque me basta con el hueco que hay debajo de tu cama (o un banco de una plaza de Málaga) para sentir que voy a explotar de felicidad. Contigo. Siempre contigo.
Y no sé si esto servirá de algo o si este nudo de la garganta se irá en algún momento. Tampoco sé si sigues viéndome cuando cierras los ojos. O si quieres verme, a secas. Pero este es mi último cartucho... y no puedo obligarte a que me quieras. No sé cómo hacerlo. Y tampoco sé si puedo. Cuatro años estudiando publicidad y marketing para ahora no saber cómo convencerte de que te quedes a mi lado. Sólo puedo decirte una cosa: déjame ser tu casa.

9 comentarios:

Diane Ross 4 de mayo de 2012, 23:34  

Con pilares a ser posible de hierro y cemento del bueno, por favor ^^

Sash 5 de mayo de 2012, 0:40  

"Te quiero porque tu espalda es casa" ¿Sabes que siempre que me gusta alguien pienso en su espalda aparte de todos esos aspectos bonitos de los cuales me enamoran? Tu descripción de verlas como una casa me encantó. De hecho, el relato me enamoró. ¡Te has ganado una nueva lectora, un abrazo!

Forgotten words 5 de mayo de 2012, 13:44  

Que texto mas sincero, tierno, hermoso...es una declaración de intenciones en toda regla ;)A lo mejor el tambien tiene miedo de que tu seas su casa y necesita un poco de ayuda

Ewen 5 de mayo de 2012, 16:15  

Increible entrada!! "Te quiero porque conseguías poner mi piel en guardia con un simple roce" :)
Tu blog me encanta.

Nerea Riveiro 5 de mayo de 2012, 18:00  

Me ha recordado al texto de los hombres de Paco! Un besito!

Pedro R. 7 de mayo de 2012, 10:04  

El hogar y la felicidad -si existe- está donde recala nuestra piel. Y las emociones son sólo el argumento persuasivo, la línea argumental, que quieren marcar otros para que seamos un poco más líquidos, si cabe. Disfruta!

Chica del espejo 7 de mayo de 2012, 17:16  

Muy bonito.

Ardid 7 de mayo de 2012, 22:42  

Bonita declaración. Suerte en la vida. ;)

Gamusina 1 de agosto de 2012, 20:51  

Genial!!! Me quedo por estos lares :)