jueves, 21 de enero de 2010

¿Te he contado alguna vez la historia de la chica aviadora? Ella era única. Las primaveras la necesitaban. Siempre conseguía solucionar los problemas con la letra de alguna canción. Y escribía frases sin sentido en los márgenes de las cartas que le escribía a Nadie. Por la calle perseguía los ojos marrones y contaba personas que eran impares (sí, ella sabía quiénes eran). La chica aviadora lo quería todo: comerse la manzana, enamorarse del lobo. Le gustaba que la cogieran de la mano y el olor a palomitas en el cine. Cuando llegaba el verano, dibujaba cometas en la arena de la playa y se enamoraba de un chica hasta (casi)perder la cabeza. Cuando llegaba el invierno regalaba corazones rojos. Le gustaba saltar sobre los charcos y comer chocolate a deshoras. Siempre se paraba a leer los mensajes que la gente dejaba en los árboles. Ella miraba directamente a los ojos del horizonte y se alegraba cuando llegaba septiembre. Ella era agua...

Y soñaba cada día con dibujar letras y corazones entre las nubes. Tal vez por eso, un día cualquiera, el chico de la camiseta de rayas le regaló un gorro de aviadora. Aún no sabemos cómo, pero la chica aviadora aprendió a volar sin despegar los pies del suelo.

9 comentarios:

Donde acaba la cabeza y empieza el corazón. 22 de enero de 2010, 2:04  

Que grande

eLena 22 de enero de 2010, 2:24  

Yo en la nostalgía total y tu con estos textos que me ponen peor jajaja!! Es que soy una chillona!

Ey hermosa, cómo estas? Un beso

Lucía... 22 de enero de 2010, 2:46  

Esto fué realmente increible!
Le mostré este post a mis amigos y todos concluyteron que "Lucía, no se si esta mujer te conoce o no, pero parece que te estuviera describiendo. Es como si se hubiese metido en tu medula". Una sola cosa... yo no soy agua, soy aire =)

Hermoso escrito, sinceramente!
Me has tocado el alma!

Un beso, con gotitas de agua!

Bellaluna 22 de enero de 2010, 10:15  

Gracias por hablarme de la chica aviadora. Ya lo sabía: impar, manzana y loba. Mientras ella salta los charcos yo los piso, y salpico sus tobillos. Sabía que era así. Incapaz de mirar sino de soslayo otros ojos, pero sosteniéndole la vista al sol en el horizonte. Yo abrazo los árboles que ella ya leyó. Yo me puse la camiseta del chico de la camiseta de rayas una mañana después de una noche para que la chica del gorro de aviadora pudiera quitármela a mí una tarde tibia de viernes. Ahora, ya, sólo quiero verle el cabello, quitarle el gorro de aviadora. Que me lo ponga mientras yago desnuda para ella. Porque estoy enamorada de la chica aviadora. Ya lo sabes. De sus ojos profundos. De sus labios. Del mechón de su pelo. Del gesto que dice que no tolera tristezas, de la sonrisa agazapada en su rostro.

Octubre... después del verano. Octubre, ya lo sabes. Octubre: te llamaré Apollonia.

Pintamonadas 22 de enero de 2010, 10:18  

Es precioso, por momentos he creido conocer (re) a la chica aviadora entre tus líneas.
(:

Smile 22 de enero de 2010, 14:51  

Volar sin despegar los pies del suelo... ¿hay algo mejor?

Me ha encantado :] Besos(L)

Nerea 22 de enero de 2010, 21:43  

Yo creo que también la conozco...U besazo!

Dara Scully 22 de enero de 2010, 22:42  

Yo también conocí a una chica aviadora una vez. Se llamaba Ana y antes de aprender a volar saltó de un sinfín de tejados (y se rompió la pierna derecha tres veces)



(un miau
con hambre
de pastel)

Florecita 29 de enero de 2010, 19:06  

la chica aviadora debe de ser muy famosa... todos creemos conocer a alguna... o a lo mejor hay muchas... "aprendió a volar sin despegar los pies del suelo." =D
es precioso! adoro todo lo que escribes... creo que siempre que entro te lo digo... pero también creo que nunca podré dejar de decirlo =)
besitos de fresa ^^