martes, 12 de enero de 2010

Se dejó la sonrisa en el alféizar de la ventana. El cristal empañado guardaba restos de palabras sin sentido que minutos antes habían estado dibujando sus dedos. Una cena esperaba fría en la mesa. Y las ganas de comerle todos los lunares se quedaron guardadas en un cajón. Otra noche más. Ella se metió en la bañera y se mordió los labios (y las entrañas). Mientras el vapor se paseaba por todo su cuerpo sólo podía pensar en una palabra: decadencia. D e c a d e n c i a. Habían llegado, sin esperarlo ni pretenderlo, a ese punto en el que todo cuanto les rodeaba empezaba a declinar. Tal vez, si tiempo antes él hubiera dado el paso de rozar el cielo con las puntas de sus dedos, si se hubiera decidido a tocarle el ventrículo izquierdo hubiera logrado que la diástole hubiera llegado casi sin esfuerzo (curiosa la antomía del corazón).
Sin embargo, ya apenas recordaba aquellas noches en aquel hotel de aquella ciudad de Europa central, noches de estrellas, noches de besos cortos y rápidos (los más intensos que le han dado jamás), noches de sábanas frías que no se pegaban a su piel, noches en las que lo único que se pegaba a su piel era él.
Ella le encontró. Pensaba que no se le daba tan mal jugar al escondite. Pero de repente, sin pretenderlo, estaba sola en aquella bañera. Ella y un orgasmo ahogado.


Nunca fue su momento. Pero ella deseaba que ESE fuera su momento.

13 comentarios:

♥ Anabel ♥ Salvando a Julieta 13 de enero de 2010, 0:44  

El deseo es el principio de todo. Al final consiguió que realmente ese momento fuera suyo aunque estuviera sola.

Lys 13 de enero de 2010, 12:46  

Un texto precioso para un momento igualmente precioso, pese a la tristeza.

Nerea 13 de enero de 2010, 15:27  

Todas deseamos un momento...Un besazo!

y si el miedo... 13 de enero de 2010, 17:03  

Fue suyo, quizás no el que ella deseaba....
Un beso!

Bellaluna 13 de enero de 2010, 18:23  

Nunca hay momentos: solo orgasmos o no. La lección de anatomía... tu noche será la mía.

Ole, Octubre!

Fernanda. 15 de enero de 2010, 14:52  

Qué espástico, qué profundo!
Tanto tiempo sin pasar... muy buen texto :)

Saludos!

Dara Scully 15 de enero de 2010, 22:41  

Los lunares no pueden comerse todos de una vez, que si lo haces te puedes empachar y luego se te quitan las ganas de volver a comerlos.


(un miau
con zapatos verdes)

eliú 16 de enero de 2010, 19:52  

no era su momento... aunque los deseos le dictaran lo contrario...

Bellaluna 17 de enero de 2010, 12:44  

¿Es tu momento?

Me llaman octubre... 17 de enero de 2010, 21:14  

quiero pensar que sí

Bellaluna 18 de enero de 2010, 9:41  

¡Un beso! A tumba abierta... no toques el freno!

Luna

Bego 18 de enero de 2010, 20:25  

"si se hubiera decidido a tocarle el ventrículo izquierdo hubiera logrado que la diástole hubiera llegado casi sin esfuerzo" el texto me ha encantado, pero esa parte...es genial.

Un beso!

Esparkling 18 de enero de 2010, 23:39  

Pero que romanticona eres :)