miércoles, 16 de diciembre de 2009





Tal vez fue este aire del sur (o el viento caprichoso de diciembre) el que me trajo a la memoria los recuerdos de café caliente y sábanas arrugadas. Ha venido de nuevo a mí esa mirada que era un eje vertical que me atravesaba de punta a punta. Olor a rosas en la habitación. ¿Por qué me regalas flores si sabes que haga lo que haga no voy a conseguir que sobrevivan? Llegaste como agua de mayo y te fuiste destruyendo todo a tu paso.

Este mapa de carretera ya me lo conozco. Pero cuando salga de la boca de metro no estarás empapado por la lluvia. Y yo sigo cruzando los dedos para encontrar a alguien que me inyecte el azul en vena. Y que de paso me devuelva mi mes de abril. Alguien que me necesite tanto que me deje ser libre. Sin necesidad de puntos finales. Ni puntos suspensivos. Desde el minuto uno supe que no eras ese alguien. Pero el invierno en Madrid crea dependencias extrañas.

Y estas palabras sólo las entenderemos tú y yo. Y uno de los dos empieza a sobrar.

13 comentarios:

Espiritu Zen 16 de diciembre de 2009, 23:46  

No sabes cuánto te entiendo, a veces sabes que es imposible y aún así como tu dices creas dependencias (ridículas) que acaban por doler, el invierno, el crudo invierno. Y ahora quién sabe qué noa volverá a abrigar de este frío

Me encantó

Un abrazo.

Zen

mebusko 17 de diciembre de 2009, 0:54  

ufff..gracias por poner en palabras aquello que ni me atrevo a pensar por no hacerme mas daño. enhorabuena por ese don transmisor..
te seguiré, un saludo,
alba

rOo RAMONE 17 de diciembre de 2009, 4:51  

:|
Cuánta razón!

Me encanta llegar acá y encontrarme con tus palabras siempre tan perfectas.
Te mando un beso.

Pedro R. 17 de diciembre de 2009, 15:40  

Este invierno de Madrid es su propia esencia: hojas secas y escarcha, nieves y bienes, palabras masticadas en una boca de la que sólo sale vaho, sentimientos desarmados y calor bajo edredones ásperos.

Yo tampoco he sabido nunca por qué nunca quisiste saber qué había detrás de mis puntos suspensivos. debajo de aquellas hojas marchitas que el ayuntamiento se empeña en barrer.

lenika 17 de diciembre de 2009, 18:44  

que bonito

es genial

que tal stas?

Aylanocturna 18 de diciembre de 2009, 12:36  

Hola,me ha encantado tu entrada.Bueno,algo triste,quizás.Pero,creo,sin querer ser masoca,ni nada de eso,que algunos momentos tristes en la vida,bueno,..ya sabes a lo que me refiero,a que a veces,viene bien,sentirse así,un poquitín triste,para después,recuperarse¿no?.

Me ha encantado como has descrito todo,sobre todo,cuando dices:"el invierno en Madrid crea dependencias extrañas".

Saludos de un ave nocturna.

pecas 18 de diciembre de 2009, 17:56  

Me encanta...."y uno de los dos empieza a sobrar"(en este sofá...)Ahora ve a tu dios y cuentale que tu corazón no fue valiente al menos con vos...

Pecas^^

Diario de nuestros pensamientos 19 de diciembre de 2009, 12:47  

ya me gustaria pasar el invierno en madrid...
si uno empieza a sobrar, mejor q alguien se vaya cuanto antes

Bellaluna 21 de diciembre de 2009, 12:20  

Ny es un infierno sin salida (blanco, helado, doloroso) en esta madrugada desvelada sin el famoso impermeable azul, sin esperanza de que mi pasión derrita toda esta nieve. Dicen que Madrid es otro desierto sin deseos y con el eco silencioso de la nieve hoy.

Florecita 22 de diciembre de 2009, 2:44  

qué bonito... ^^
ojalá que los recuerdos que evoque tu mente no te suman en una dependencia mayor... dentro de poco se irá diciembre, esperemos que con él se vaya el viento caprichoso y el que sobre de los dos.
besitos de fresa =)

Dara Scully 23 de diciembre de 2009, 22:17  

Igual fueron los propios recuerdos, que tenían ganas de decirle hola de nuevo.


miau
mimoso

ele* 24 de diciembre de 2009, 12:49  

a mi el aire frío, a invierno, también me recuerda a sábanas blancas arrugadas, a habitación de hotel...y música cutre de fondo!
feliz navidad:)

Alf. 24 de diciembre de 2009, 20:30  

oh, maravilla.