viernes, 10 de julio de 2009

Esto es algo que le escribí hace tiempo a una persona que, en su día, fue muy importante para mí.


Me encanta que cada noche me traigas una estrella a mi cama, mientras enroscada te susurro que hoy te he echado de menos, que hoy me he acordado de ti al cruzar la calle y que el sabor de aquel café hizo que pensara que contigo al lado sabría mejor.
Llámalo locura, o tal vez destino. Aunque ya sabes que no me gusta ponerle nombres a las cosas. Los anónimos siempre me han creado más dependencia. Y es que sí, tú y yo somos un pack indivisible, como esos zumos tropicales del supermercado. Si me compran, te llevan a ti. Si te vendes, me voy contigo. Pero, si llega ese punto de compra-venta, avísame, que pienso superar al mayor postor para que nadie te aparte de mi lado.
Dibujaré una sonrisa en tu cara cada vez que sientas que el mundo te embarga la vida. Te daré un beso en la cadera (de verdad que la piel en esa zona se vuelve casi transparente y todo se siente más cerca). Te contaré un cuento cada vez que dudes de nuestra realidad. Te tatuaré con la yema de mis dedos el mapa de Japón en todo tu cuerpo para que nunca se te olvide que ese es nuestro sueño compartido.
Tienes razón, lo cotidiano es aburrido. Mi próximo regalo (los ciento ya han volado a tu número catorce) será una bola del mundo. La haremos girar y la pararemos con nuestros dedos. ¿Dónde iremos el mes que viene? Pienso imaginarte conmigo en cada rincón de este lugar, llenarlo de tu olor y poner como banda sonora a cada instante tu risa.
Te achucharé sin que tú me lo pidas. Los mejores regalos son aquellos que no se esperan.
Sé que esto no es una historia más con principio y final. Ya te lo dije. Hacía mucho tiempo que no le pedía a nadie que me retuviera a su lado. Has conseguido que no tenga la necesidad de marcharme. Más bien, tengo la necesidad de quedarme. No sé dónde, da igual dónde. Quedarme contigo y seguir ahogando las risas nocturnas de nuestras conversaciones para no despertar a nadie de la casa. Seguir imaginando nuestro plan, nuestros masajes después de un largo día, después de nuestra cena en ese italiano del que tanto te hablo, después de conducir durante horas por nuestras carreteras secundarias (y sí, prometo cantarte al oído o a voz en grito). Seguir imaginándote.
Mi mes de octubre se acerca. Y no puedo evitar pensar que Madrid debe ser tremendo mirándolo contigo cerca (muy cerca). Tan cerca que cuando contaran mi historia (la de la niña que quería que le contaran los lunares) la empezarían diciendo “érase una vez una mujer a un hombre de ojos mágicos pegada”. Y entonces, en Madrid sí que se verán las estrellas.

Seguiré coleccionando cada uno de nuestros instantes en mi cofre cardiovascular. Seguiré pidiéndote un beso sonoro en mitad de la calle, para sacarte los colores. Guardaré cada uno de tus (nuestros) secretos en esa caja de cristal (pero ya sabes, ese cristal que sólo tú y yo podemos mirar a través de él). Seguirás revolviendo mis hormonas (o mis sentimientos, empiezo a dudar). Seguiré tus pasos para aprender (porque soy pequeña [tu pequeña], no lo olvides) y para admirarte.

A cambio sólo te pido que sigas cediéndome ese pequeño hueco de tu pecho para que pueda esconderme en él cada vez que me pierda, cada vez que tenga miedo (y créeme que son muchas las veces que lo siento). En tu piel me encontraré y tus latidos me guiarán.

Son las 00:38. Tic tac.

4 comentarios:

Lucía... 10 de julio de 2009, 18:32  

Guauu maravilloso!!!! Que ganas de tener alguien asi en mi vida... alguien a quien dedicarle tanto...
Un beso de chica con pecas a chica con lunares!

El perrito que reía 11 de julio de 2009, 0:15  

Me ha gustado mucho, me siento identificado con lo que tengo ahora.

Besetes.

eliú 22 de julio de 2009, 7:41  

te dije una vez que cuando vengo a leer tus publicaciones, sólo haces que mi cabeza de mil revolcones creando esa atmosfera lejana de pensamientos mentales amarrados al corazón de dejé aisladas por voluntad propia hace ya mucho en algún puerto conocido...

esta vez, no es la excepción.

cajaderecuerdos 30 de julio de 2009, 12:41  

Me produce escalofríos de la cantidad de sentimiento que tiene.

Precioso.