viernes, 12 de junio de 2009

Desde hacía años Aitana soñaba con levantarse un día y hacer una maleta pequeña, con las cuatro cosas que necesitaba. Quería irse lejos. Muy lejos. Soñaba con coger el coche hasta el aeropuerto. Dejarlo en el aparcamiento. Lo tenía todo muy pensado: dejaría las llaves de su viejo Fiat Punto en el stand de Iberia, a esa señorita del pelo recogido y traje de chaqueta azul. Avisaría a Fabián para que viniese a retirarlo, por eso de no dejarse los ahorros de esos años atrás en el ticket del aparcamiento.
Se dirigiría a la primera oficina de venta de billetes que viera.

- Buenas tardes. ¿Hacia dónde va el próximo vuelo internacional?
- Vamos a ver... Hmmmm... Dentro de dos horas sale un vuelo con destino a Dunedin, Nueva Zelanda.
- Me gusta como suena Dunedin.

Después se sentaría en la cafetería del aeropuerto, sacaría su Moleskine y continuaría escribiendo pensamientos inconexos.
Y las dos horas pasarían muy rápido. Cuando se acercara el momento de facturar para embarcar se daría cuenta que su maleta pesaba tan poco que simplemente era equipaje de mano.

Y así descubriría cuántas cosas innecesarias tenía en su vida. Pero todo esto, algún día.

4 comentarios:

La señorita que nació del humo. 12 de junio de 2009, 14:44  

Aitana.
Suena tan bien ese puto nombre...Me encanta, es como Cora, parece que se te llena la boca diciéndolo.
A
I
T
A
N
A

C
O
R
A

Paulette 12 de junio de 2009, 19:07  

Aitana tiene mil caminos que tomar.
Bonito.

Un beso fluorescente,
;)

Elianne 12 de junio de 2009, 20:40  

Está genial tu blog, la portada me ha encantado XD, eres tu?? Haber si me puedo pasar por aquí mas muchos besos...Tesigo!!


Violetcarsons.

G. F. Degraaff 12 de junio de 2009, 21:10  

Todos deseamos algún día escapar de todas esas cosas innecesarias que no podemos tirar a la basura... muy bello relato. saludos mujer...