martes, 23 de junio de 2009

Ahí estaban. La misma noche, la misma playa. Siete años después. Había pasado mucho tiempo. Quizás demasiado. Él aún recordaba sus besos. Y el hoyuelo de su barbilla. Y las payasadas de las 19:13. Seguía recordándola a ella. No importaba cuánto tiempo hubiese pasado y cuántas cosas hubieran sucedido. Y tampoco había olvidado el día que decidió echarla de su vida. Pero ahora nada de eso importaba. Sentía los mismos deseos que siete años antes.
Quería hacer girar una bola del mundo con el dedo de ella para después imaginar que viajaban allí. Quería correr bajo la lluvia, junto a ella (siempre), para después meterse en un portal extraño y prometerse la vida. Quería dibujar su vida en la palma de la mano de... Aún le costaba pronunciar su nombre.
Y besos con sabor a chocolate cada mañana. Y se merendaría cada día cualquier atisbo de negrura que nublara su corazón. Y sus brazos se convertirían en enredaderas que traparían desde su cintura hasta su cuello. Y el único reloj que mediría su tiempo serían los dedos de ella en su espalda a modo de segundero. Tictac. Sí, sentía lo mismo que siete años atrás.
Pero... ¿Qué hacía ahí parado? ¿Por qué no iba a saludarla? No estaba seguro de que fuera ella... Pero... esos ojos negros no podían ser de otra persona.

- Hace siete años nos prometimos el mar... y la vida. En esta misma orilla.
- Disculpe, caballero. Creo que se ha confundido. Yo nunca he creído en las promesas. Por eso nunca las hago.
- Oh... Discúlpeme usted a mí. Me ha recordado a alguien que conocí una vez. Hace mucho tiempo.

Y su corazón se convirtió en cristal de murano, capaz de ser roto con el eco de un susurro. Y él dejó de ser eterno como el mar.

7 comentarios:

Pedro R. 23 de junio de 2009, 13:56  

Nada me gustaría más que sentir aquellos dedos en la espalda...

La palabra 'promesas' siempre me recuerda una canción -hermosa canción- que ahora resuena en mi cabeza: My love she speaks like silence,/
Without ideals or violence,/She doesn't have to say she's faithful,/Yet she's true, like ice, like fire./People carry roses,/Make promises by the hours,/My love she laughs like the flowers,/Valentines can't buy her.

Hay algo de un lado y otro del espejo, o acaso el reflejo perdido, respecto del post anterior, ¿no?

Dara Scully 23 de junio de 2009, 19:17  

Cat tiene curiosidad por saber por qué él perdió su tictac de dedos en la espalda.



¡Miau!

Muñequita de todos, princesita de nadie * 24 de junio de 2009, 0:38  

Las cosas rotas no siempre son feas, cuando las pegas, son otras nuevas.

Florecita 24 de junio de 2009, 1:51  

Qué bonito! después de tanto tiempo creyó encontrarla y se quedó con la miel en los labios. Quizás no debió echarla de su vida en su momento, quizás no eligió la opción correcta, pero sí, seguro que aprendió!
Muchas gracias por pasarte =)

Besitos de fresa

Me llaman octubre... 24 de junio de 2009, 10:57  

Pedro R -> Bonita sensación la de los dedos en la espalda y bonita canción. Pero no, este post no tiene nada que ver con el anterior. Historias independientes y 100% ficticias.

Dara Scully -> Supongo que ni ella sería tan buena ni él tan imbécil. Sus motivos tendría en aquel momento aunque años después se arrepintiera.

Muñequita de todos, princesita de nadie -> Sí, pero también dicen que segundas partes nunca fueron buenas.

Florecita -> Me alegro de que te haya gustado. Gracias a ti por pasar!

Yo, la que olvidaste.- 25 de junio de 2009, 0:43  

U.u las promesas.-
Realmente yo tampoco ya creo en ellas.-
Es más oficialmente no quiero más promesas.-
Prefiero actos.-
Las promesas se las lleva el viento.-
Los actos, no.-

Un abrazo.-
Desde mi nuevo Mundo =)

Galia Bóveda 25 de junio de 2009, 22:28  

Acabo de conocer tu blog y me ha gustado mucho, la verdad. Además, tenemos gustos en común. Te seguiré.
Un beso,

Galia.