lunes, 3 de mayo de 2010

Empezando por el final y acabando por el principio. Lo tenías todo controlado menos a mí. Quisiste traer a mis días el perfume de los sueños rotos pero yo seguía (y sigo) contando con mis dedos cada una de las estrellas que cada noche iluminan la cama en la que ya no duermes (y que ya no te espera). Nuestro tiempo de comernos segundo tras segundo ya ha terminado. La playa está vacía y la lluvia lo ha limpiado todo. Un día me hiciste arder como un incendio en pleno verano. Ahora ya soy ceniza para ti. Ahora el viento es mi transporte. Ahora ya sólo queda una polaroid en la mesilla de noche que un día fue nuestra, para poder recordar (cada vez que yo lo necesite) que yo un día... te quise siempre.

3 comentarios:

y si el miedo... 3 de mayo de 2010, 19:58  

Y para recordar, que nunca estuviste dentro de ese imperio que construyo: rodeándote, no incluyéndote en él. Casi que mejor... El viento da calma, claridad y te ayudará a establecer tus prioridades: que tú seas feliz, independientemente de si encuentras a aquél que te haga recordar cada mes del año como único e irrepetible, pero constante. Sin huidas.
Un beso!

inmensosvacios 3 de mayo de 2010, 20:05  

que yo un día... te quise siempre.

Perfecta. :)

Inirida Gomez-Castro 6 de mayo de 2010, 0:18  

Hermoso texto... adoro lo que escribes y adoro lo que me hacen sentir tus palabras.