miércoles, 14 de octubre de 2009

Como si hubiese explotado de pronto una bombona de butano, me levanté de la cama. Aún estaba empapada por el sueño anterior. Lo curioso era que no recordaba nada de lo soñado. Bien podría haber sido una pesadilla o la más tórrida vigilia vivida. Siempre que me quedo en el duermevela me levanto mojada. Curiosa observación. Varias horas antes ya había decidido qué hacer aquél viernes por la noche.

Tras varios intentos de quedar con Sofía, María e Irene, me dispuse a prepararme para salir yo sola. Hacía bastante que no iba al centro y ya no sabía qué lugares estaban medianamente bien para cogerme la cogorza del siglo. Así que, por si las dudas, fui a todos.

De un extremo a otro. Uno de esos locales se llamaba Pink Flamingo. Era lo que denominaban un local “chic”. Las mesas eran más altas que los propios asientos (lo que resultaba bastante incómodo). La decoración iba desde el estilo retro hasta lo más vanguardista que había visto hasta el momento. Las paredes eran de tonos color tinto con motivos en negro. Todo muy de diseño. Todo muy casposo. Y la gente que se encontraba allí pues más de lo mismo.

Me senté en la barra. Gesto típico de una chica solitaria en una noche de viernes. Iba a empezar a beber algo suave, pero me decanté por un tequila seco con limón, sin sal. No sé si fue el halo de misterio que una chica joven levantaba tras ella al estar sola en un sitio como aquel. O tal vez fueron los vaqueros ajustados y el escote delantero y trasero que decidí lucir aquella noche junto con unos labios rojos que podían verse a varios metros de distancia. Los tacones podían ayudar también. En definitiva, no sé qué fue, pero todos los hombres de aquel local se llegaron a sentar a mi lado para invitarme a una copa, a un baile, o a cosas algo más subidas de tono.

A alguno que otro le acepté una copa. Pero no llegué a más. Pero con cada gota de alcohol que entraba en mi cuerpo, mis ganas de sexo iban creciendo. En momentos como ese pensaba que debía dejar de ser tan exigente. Total, un polvo es un polvo. Y si te he visto, no me acuerdo.

Cuando estuve dispuesta a irme porque el tequila es muy traicionero, entró en el local él. Tenía aspecto de hombre de negocios bastante mayor que yo (quizás 13 o 15 años). No era guapo, pero me atrajo con sólo una mirada. Llevaba unos pantalones chinos una camisa remangada al codo. Su pelo era canoso y aparentemente no estaba bien peinado. Barba de un par de días. Lo bueno de todo es que él también estaba solo y también se fijó en mí. Se dirigió a la barra y se sentó a mi lado. Justo cuando abrió la boca para decirme algo le dije:

- Llevo esperándote toda la noche. Por fin has llegado.



Mañana la segunda parte...

7 comentarios:

Lorena G.B 14 de octubre de 2009, 14:34  

Y que no se marche :)

JotaEfe 14 de octubre de 2009, 16:54  

Hola octubre.
Soy nuevo por aquí. Le he echado un vistazo a tu blog y está la mar de bien. Vengo del blog de R. y espero seguir viniendo.
Entre otras cosas hay que volver para ver cómo termina la historia, jejeje.
Un abrazo.

Daniela. 14 de octubre de 2009, 19:01  

También soy nueva por acá, me encantó la historia!

Te visitaré seguido, me gustó mucho tu blog, saludos!

Bego 14 de octubre de 2009, 19:42  

Las camisas remangadas al codo atraen mucho.

:)

patt. 14 de octubre de 2009, 21:27  

estoi ansiosa por la continuacion. Pero que mcho.
encantada de leerte :)

Me llaman octubre... 14 de octubre de 2009, 21:53  

La segundo es un poco porno jajajaja

Lucía... 15 de octubre de 2009, 2:32  

Genial... esos encuentros esperados desesperadamente!
Asi espero la segunda parte jaja!

Un beso con gotitas de agua!