viernes, 1 de octubre de 2010

Nos hicimos un nudo. No de esos de pescadores o de cordones desatados. Nos unimos tan cerca que ahora mismo no sé diferenciarme de ti. Creo estar respirando aire. Pero realmente te estoy respirando a ti. Hacia dentro. El fuego que hiciste anoche en mi cama sigue quemándome. Me subo (o me subes) a los edificios más altos de esta ciudad para que pueda tocar el cielo con los párpados. Y empiezo a amarte de puntillas. Sin hacer ruido. Sin que se note. Como el café descafeinado. Y vuelve a ser mi mes.

Bienvenido, Octubre. Te estaba esperando.

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