martes, 30 de junio de 2009


Llego tarde a este proyecto. Pero me ha encantado la idea. Para más información: www.yovsyo.com

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Selfportraits.

Soñadora. Despierta. Con ganas de comerse el mundo. De armas tomar. Proyecto de publicista. Amante de la fotografía. Vale más por lo que calla que por lo que dice. Su mejor escudo es su sonrisa y la indiferencia. Con muchas metas en la vida. Málaga. Madrid. Le encanta viajar. Tiene millones de manías. Es perfectamente imperfecta. Le gusta pintarse los labios de rojo. Color negro. El olor del mar y el sonido de las olas. Andaluza hasta la médula. Le encanta el amor con sexo y el sexo sin amor. Tiene las pestañas largas. La llaman Lunares. Leo, virgo. Es muy tranquila. Pero no la busques, porque la encuentras. Y si la encuentras... arde Troya.



Enamorada de los atardeceres.
Coleccionista de momentos.
Constructora de ilusiones.
Experta en los principios.
Amante de las imágenes.
Compañera del silencio.

Soñando que me sueñas...
Esperando a que ocurra ese algo...
Enamorada de mi presente, mientras olvido el pasado y el futuro.




Y sigo esperando que el tiempo me traiga esa casualidad que se enrede entre mi pelo y entre mis dedos para quedarse conmigo...


Fdo. Octubre







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domingo, 28 de junio de 2009


Te quise a oscuras y con la luz encendida. Te quise en silencio y a voz en grito. Te quise con mis manos y con el alma. Te quise a cada paso, entregándome íntegra. Te quise en primavera, en verano y en otoño sin pensar que el invierno estaba a la vuelta de la esquina. Te quise como a pocos... pero, como dice aquella canción: se nos rompió el amor.
Y sí, como toda rotura, sentí un crujido. Y ese crujido dio paso a una secuela que a día de hoy sigo arrastrando. Porque ya no quiero sin reservas. Ya no quiero sin esperar nada a cambio. Ahora, cuando quiero, quiero de puntillas. Y eso no es querer. Y me da miedo que me rocen las pestañas de otra persona no vaya a ser que tengan magia y consigan que las mariposas dormidas se despierten y provoquen un tsunami en mi estómago.

Pero, si tienes paciencia y me dejas, yo sí que te rozaré con mis pestañas. No sé si son mágicas, pero te hacen cosquillas y te hacen sonreír. No te pido que me esperes a que aprenda a amar pisando fuerte. Pero, si decides quedarte, seguiré escribiéndote palabras en tu espalda y tatuaré cada milímetro de tu piel con cada uno de los besos que te guardo. Pero de momento, de puntillas...


Susúrrame al oído una vez más que me amas...

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viernes, 26 de junio de 2009

Este año olvidé muchas cosas en San Juan. Olvidé saltar todas las hogueras que inventaste para mí. Olvidé las cosas que tenía que quemar para empezar de 0. Olvidé pedir el deseo después de las doce olas. Y es que por mucho que intente acercarme a la magia, soy la persona menos supersticiosa que puedes encontrarte (ya sabes, la superstición me da mala suerte). Prefiero aferrarme a los instantes que realmente tengo, como este olor que has dejado entre mis sábanas. Como mirarte a través de mi cámara. Como que me abraces por la espalda. Porque ya sabes: tú y yo nos amamos de espalda, siempre.
He olvidado tu nombre. De hecho, es que tienes muchos nombres. Hoy puedo llamarte Sergio. Te conocí en un bar de Puerto Banús, en Málaga, y me invitaste a un chupito de tequila. Pero el tequila nos llevó hasta tu casa.
El otro día fuiste Rodrigo y, como si de una película de amor de las ñoñasquetecagas se tratara, mi mano y la tuya se encontraron cogiendo el mismo libro de aquella librería de aquel pueblo de aquella ciudad llamada Barcelona. Pero ya sabes, hace mucho tiempo que perdí la ñoñería y me dejé el romanticismo tirado en la papelera de mi habitación (cerca de mí, por si algún día decido volver a ser una romántica empedernida). Así que me merendé tus ojos, tus manos, y aquello que todavía da pudor nombrar (no entiendo por qué).
Mañana quiero que seas Diego. Y pasearás conmigo por Madrid. Porque es nuestro sitio. El único lugar en el que suceden esas cosas que consiguen encogerme el estómago. Un frappuccino después de salir del Metro. Un beso en la frente. Y me pierdo en tu boca. Hasta que llegue la noche y podamos comprobar que en Madrid también pueden verse las estrellas (incluso rozarlas con la punta de los dedos).

Hola. Me llaman Octubre. ¿A ti cómo te llaman?

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jueves, 25 de junio de 2009

Debo ser tonta porque aún te espero sentada en aquella esquina por la que me dijiste que aparecerías un día para quedarte conmigo. Y las margaritas empiezan a marchitarse. Y ya no puedo deshojarlas. Pero la libreta de pensamientos sin conexión cada día está más llena.

¿Crees que podrás amarme con mis millones de contradicciones?

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Porque yo también quiero ser tu mañana de domingo

miércoles, 24 de junio de 2009

Sin embargo, cuando me sentaba a su lado y le rozaba los dedos, una calidez natural me colmaba el corazón. A ella podía decirle con relativa facilidad cosas que no podía decirle a nadie más. Me gustaba besarle los párpados y los labios. También me gustaba levantarle el pelo y besarle sus pequeñas orejas. Cuando lo hacía, ella soltaba una risita sofocada. Incluso hoy, al recordarla, imagino una plácida mañana de domingo. Un domingo tranquilo, despejado, recién estrenado. Un domingo sin deberes, libre para satisfacer cualquier capricho. A menudo, ella me hacía sentir como aquellas mañanas de domingo.



Al sur de la frontera, al oeste del sol (Haruki Murakami)

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martes, 23 de junio de 2009

Ahí estaban. La misma noche, la misma playa. Siete años después. Había pasado mucho tiempo. Quizás demasiado. Él aún recordaba sus besos. Y el hoyuelo de su barbilla. Y las payasadas de las 19:13. Seguía recordándola a ella. No importaba cuánto tiempo hubiese pasado y cuántas cosas hubieran sucedido. Y tampoco había olvidado el día que decidió echarla de su vida. Pero ahora nada de eso importaba. Sentía los mismos deseos que siete años antes.
Quería hacer girar una bola del mundo con el dedo de ella para después imaginar que viajaban allí. Quería correr bajo la lluvia, junto a ella (siempre), para después meterse en un portal extraño y prometerse la vida. Quería dibujar su vida en la palma de la mano de... Aún le costaba pronunciar su nombre.
Y besos con sabor a chocolate cada mañana. Y se merendaría cada día cualquier atisbo de negrura que nublara su corazón. Y sus brazos se convertirían en enredaderas que traparían desde su cintura hasta su cuello. Y el único reloj que mediría su tiempo serían los dedos de ella en su espalda a modo de segundero. Tictac. Sí, sentía lo mismo que siete años atrás.
Pero... ¿Qué hacía ahí parado? ¿Por qué no iba a saludarla? No estaba seguro de que fuera ella... Pero... esos ojos negros no podían ser de otra persona.

- Hace siete años nos prometimos el mar... y la vida. En esta misma orilla.
- Disculpe, caballero. Creo que se ha confundido. Yo nunca he creído en las promesas. Por eso nunca las hago.
- Oh... Discúlpeme usted a mí. Me ha recordado a alguien que conocí una vez. Hace mucho tiempo.

Y su corazón se convirtió en cristal de murano, capaz de ser roto con el eco de un susurro. Y él dejó de ser eterno como el mar.

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domingo, 21 de junio de 2009

Aunque parezca que me marcho, siempre habrá una parte de mí que se quede aquí. Me encontrarás en los finales de las historias, en los principios de incertidumbre, en las nubes que un día fueron nuestros planes. Me verás a través de la ventana cuando la lluvia no deje que oigas ningún otro sonido en esta ciudad. Me encontrarás en cada una de las letras que te escribí y te guardé en tu mesita de noche. Porque sí. Nunca podrás negar que pisé con fuerza este suelo que ahora me ve partir. Este suelo que un día creímos que se convertiría ene nuestro hogar (curiosa palabra). Y es que dejaste que llenara aquel vacío con mi olor. Y ahora estaré en cada sitio al que vayas.
Me sentirás en Gran Vía, en la Plaza del Obradoiro, en las Ramblas, en Calle Larios y en el rincón oscuro de aquel pueblo horrendo donde me echaste aquel polvo. Estaré entre tus dedos, me seguiré enredando entre tus pensamientos y me seguirás guardando margaritas a la espera de que las deshoje. Como si las margaritas supieran de amor.
Pero ahora me marcho. Ahora no permito que al punto final de los finales le sigan esos puntos suspensivos con los que tanto soñé. Esta historia, compañero, se ha terminado.
Pero me seguirás sintiendo a flor de piel. Seguirás pensándome e imaginándome. Este es el castigo por todos esos besos no dados, por las malas lenguas y las malas palabras, por la ninfomanía, por los secretos bien guardados, por los miedos que te cegaron, por los celos insostenidos, por los suspiros quebrantados, por los gritos silenciados, por los silencios que obligaste que se convirtieran en chillidos.

No hay acto sin consecuencia, amigo mío. Y has tenido suerte de encontrarte con una persona que no cree en la venganza, que la frase "perdono pero no olvido" con va conmigo (si te he perdonado, he olvidado. El rencor sólo alimenta esa parte de mí que tanto detesto).

Ahora, busco un corazón nuevo que me haga volver a latir.

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sábado, 20 de junio de 2009

Al hacer el recuento de mis lunares me he dado cuenta que me faltan diecisiete. Uno de ellos se ha trasladado a la cuarta esquina de la calle Don Miedo de tu corazón. Otro ha saltado hasta la palma de tu mano porque ha querido que tú también seas mágico (porque ya sabes eso que dicen: las personas que tenemos lunares en las palmas de las manos somos brujas). Un tercer lunar juguetón vive ahora en tu cadera. A modo de diana: marcándome el lugar a donde irán a parar mis besos [los besos en las caderas se sienten mucho mejor].
Los otros catorce lunares se me perdieron anoche entre tus sábanas mientras me robabas la razón (y la sinrazón) en tu continua embestida. Y cada vez que intento buscarlos, tu olor impregnado en cada centímetro de esta habitación (y en cada milímetro de mi piel) hace que me pierda en el recuerdo de tus manos dibujándome, de tu boca recorriéndome y de mis jadeos ensordecedores.
Y estuvimos tan juntos que te sentí más tatuado en mi piel que mis propios lunares. Quizás por eso los perdí. Ahora voy a dejar esta búsqueda solitaria para empezarla contigo. Mézclate conmigo entre estas sábanas que aún guardan nuestros susurros nocturnos. Y dime si encuentras alguno de mis lunares. Pero sin prisa. Y con pausas. Sin preocupación... Que yo volveré a empezar el juego en el que tus pensamientos calurosos se enredan entre mi pelo. Y se me caerán otros diecisiete compañeros con cada una de tus embestidas.


Ya son las ocho. Hora de dejar de amarte...

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jueves, 18 de junio de 2009

Cuando te enamoras todo se para. Es como si alguien le hubiera dado al stop. Y todo lo sentimos más a flor de piel (que no real). Volvemos a aquella infancia de algodones de azúcar en la feria de verano de aquel pueblo donde diste tu primer beso. ¿Lo recuerdas?
Cuando te enamoras todo te sabe a crepe caliente con sirope de chocolate: empalagoso al cien por cien pero extremadamente delicioso (detesto esta palabra). Y no te importa pringarte de chocolate caliente. No te importa derretirte como ese chocolate y mancharte... pese a que sabes que hay ciertas manchas que no se quitan.
Y te subes en los autobuses y te fijas con más ahínco en las miradas de esos pasajeros que te acompañarán durante unos minutos o unas horas. Ytodoesdecolorderosa.
Cuando llega el amor (o eso que tú crees que es amor) las tormentas de verano se meten entre tus sábanas para empaparte y protegerte del calor sofocante que está haciendo. Y los pensamientos ya no son negros, ni verdes, ni morados. Ahora son blancos. Impolutos. Porque cuando te enamoras, en el fondo lo tienes todo claro.
Pero no hay que olvidar que alguien le ha dado al stop en esta canción. En algún momento el show deberá continuar (putas ganas de seguir el show).

Y nos olvidamos del resto. Y Sergio no iba a ser menos. Se olvidó de él, se olvidó del mundo. Se envolvió en su magia, y perdió... Así de sencillo. Esta vez perdió mucho más que el corazón. La perdió a ella.

Y ahora tenemos que aprender a darle al Play.

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miércoles, 17 de junio de 2009

A mí no me engañas. Hace tiempo que descubrí que la verdad sobre Caperucita y el lobo es que ella se lo comió. Hace tiempo me di cuenta que la manzana envenenada no era más que un alucinógeno que nos transportaba durante un rato al país de los sueños dormidos. Hace mucho que sé que Eva no nació de la costilla de Adán. Si acaso hubo alguna costilla de por medio fue la que se comieron alrededor de una hoguera mientras cantaban noséquécanción.
Así que ahora no me vengas con abrazos de agua que se escabullen en cuanto intento atraparlos. No me vengas con besos guardados en cajitas con lazos rojos porque sé que dentro no hay más que espinas. No me vengas con ronroneos en los tejados. Yo fui la que te inventé, chaval. Así que a otra con ese cuentro de príncipes y princesas. No eres más que la efervescencia de una botella de medio litro de coca-cola: momentánea.
Yo te enseñé a mentir. Te enseñé a que no me creyeras en nada. Te enseñé a no creerte mis tequiero, mis besos y mis parpadeos. Y también te enseñé a no creerme cuando te dijera que no me creyeras. Así que, ¿qué moto intentas venderme ahora?
No, yo no me dejo engañar. Y si piensas que voy a responder a tu contoneo con un vaivén de miradas, lo llevas claro.
Sí. Me voy a poner mi vestido de color rojo. Con mucho escote. Que lo que no sale a la luz se pudre. Me voy a subir a esos tacones con los que apenas puedo dar dos pasos. Y pienso echar el polvo de mi vida al primer desconocido que no me prometa que ese será el mejor polvo de mi vida (¿y tú qué sabrás?).

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Dedos entrelazados

sábado, 13 de junio de 2009

¿Recuerdas cuando nuestro sueño se hizo realidad? Era aquella época de ideales a flor de piel. Cuando el tiempo lo medían los besos que nos dábamos y las pesadillas se traducían en abrazos embusteros.
Deja que te espere en la esquina de tu calle. Deshojando margaritas bobas que no saben decirme lo que me conviene o lo que no. Deja que siga enmarañando mis pensamientos entre tu pelo y que me emborrache con tu boca cada vez que la miro.
Dame de beber aquel refresco que no quisiste por ser demasiado burbujeante. Yo necesito de esas burbujas para seguir a flote. Tómate un segundo, tómate un respiro. Aprende a oír y a escuchar, porque lo uno no es sin lo otro.
Aún sigo cantando aquella melodía estúpida que tanto te gustaba. Y sí, eres muy observador: los recuerdos me han vuelto a embargar. Es curioso cómo el paso del tiempo es tan traicionero. La tranquilidad de mi conciencia se ve perturbada por los besos que no te di, por las veces que decidí no darte ni un pequeño trozo de mí, por los te quiero vacíos, por esta frialdad en la que me he convertido.
Seguiré mirando la lluvia a través de la ventana. Y seguiré sintiendo que cada nube es un plan. Pero también seguiré preguntándome de quién te vengabas todo el tiempo que me mantuve a tu vera.

Tengo sueño. Hoy, tengo un sueño.

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viernes, 12 de junio de 2009

Desde hacía años Aitana soñaba con levantarse un día y hacer una maleta pequeña, con las cuatro cosas que necesitaba. Quería irse lejos. Muy lejos. Soñaba con coger el coche hasta el aeropuerto. Dejarlo en el aparcamiento. Lo tenía todo muy pensado: dejaría las llaves de su viejo Fiat Punto en el stand de Iberia, a esa señorita del pelo recogido y traje de chaqueta azul. Avisaría a Fabián para que viniese a retirarlo, por eso de no dejarse los ahorros de esos años atrás en el ticket del aparcamiento.
Se dirigiría a la primera oficina de venta de billetes que viera.

- Buenas tardes. ¿Hacia dónde va el próximo vuelo internacional?
- Vamos a ver... Hmmmm... Dentro de dos horas sale un vuelo con destino a Dunedin, Nueva Zelanda.
- Me gusta como suena Dunedin.

Después se sentaría en la cafetería del aeropuerto, sacaría su Moleskine y continuaría escribiendo pensamientos inconexos.
Y las dos horas pasarían muy rápido. Cuando se acercara el momento de facturar para embarcar se daría cuenta que su maleta pesaba tan poco que simplemente era equipaje de mano.

Y así descubriría cuántas cosas innecesarias tenía en su vida. Pero todo esto, algún día.

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50 cosas sobre mí

jueves, 11 de junio de 2009

1. No sería capaz de vivir sin el sol.
2. Me encanta España.
3. Pero no soy patriota.
4. Nunca me han gustado las banderas.
5. Soy republicana.
6. Y licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas.
7. Tengo un Macbook Pro.
8. Y un iPod Touch.
9. Lo que más suena en mi iPod es Love of Lesbian, Fito & Fitipaldis, Russian Red, Zahara, Vetusta Morla, Quique González, Mecano, Arcade Fire, Muse, Placebo, Marea, Platero y tú, Extremoduro y un largo etc.
10. Pero en ese etc no entra nada de house, techno y todos los derivados (cualquier tipo de música maquinona).
11. Me encanta viajar.
12. Y el ruido que hacen las ruedas de mi maleta contra el suelo.
13. Amo Madrid.
14. La primera vez que viajé a Madrid tenía 11 años.
15. En aquel momento supe que viviría en esa ciudad.
16. Y estoy a punto de cumplir esa meta: en octubre estaré en Madrid.
17. Me encanta octubre.
18. Y el otoño en general.
19. Trabajo como comercial de Orange.
20. Pero también como la directora de comunicación online de la Escuela de Fotografía Apertura, como Directora de comunicación y marketing de un partido centro-independiente de la zona en la que vivo (llamémoslo X) y como fotógrafa.
21. La fotografía es mi vida... aunque aún no he publicado ninguna foto en este blog. Bueno, la de mi banner la hice yo.
22. Me gusta el café solo americano. Ni con leche, ni descafeinado.
23. Me gustan las palabras "anatomía, hecatombe, adoquines, placebo, púrpura, mística, caleidoscopio, pluscua(i)mperfecto, mandrágora y utopía".
24. He tenido tres novios en mi vida.
25. Y bastantes amores pasajeros.
26. Me gusta el amor con sexo.
27. Y el sexo sin amor.
28. Odio leer best sellers. Aunque reconozco que me gustó La Catedral del Mar.
29. Tengo coche propio: un C3 rojo.
30. Mi color favorito es el negro.
31. Y mi número el 7.
32. Tengo dos móviles: un Nokia 5800 y un Sony Ericsson G705.
33. Me gusta pasear por la playa en invierno.
34. Y explotar las pompitas del papel de embalar.
35. Soy fácil de contentar (si me regalas un pompero ya soy feliz).
36. Lo que más me gusta de mi cara son los ojos.
37. Y de mi cuerpo nada. Soy Señorita Complejos.
38. Tengo mucho carácter. A veces demasiado.
39. Odio madrugar. Pero lo hago todos los días.
40. Escribo para desahogarme. Aunque no siempre escriba basándome en mí.
41. Voy todas las semanas al cine.
42. Soy diabética. Y lo odio y lo detesto y me amarga.
43. No estoy enamorada. Y me alegro.
44. Me encantan los momentos de fotomatón con mis amigos.
45. Mi comida favorita es la mexicana.
46. Los mejores sueños los tengo despierta.
47. Cuando dejo de buscar, encuentro.
48. Y cuanto más lejos estamos, más cerca te siento.
49. Porque la distancia no la hacen los kilómetros, sino las personas.
50. Y ya sabes: el amor es eterno mientras dura. Te amaré eternamente hasta las ocho de la tarde. Porque yo soy Octubre... y Octubre sólo dura 30 días.

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miércoles, 10 de junio de 2009

Sí, tenéis razón. Detrás de cada canallada siempre hay un canalla. Y es que en el mundo hay mucho hijo de puta suelto (aunque su madre sea una santa, como diría Quintero). Detrás de cada lágrima hay un atraco a mano armada al corazón. Detrás de cada animal muerto en un vuelo hay una pistola que ha sido disparada. Detrás de cada estremecimiento hay un temor infundado (o no). Sí, tal vez tengáis razón: el mundo es una puta mierda (me encanta como suena la palabra puta. ¿No suena de puta madre?).
¿Pero qué me decís de los atardeceres que veis a través de vuestras ventanas? O de las lágrimas incontroables por un ataque de risa. O de ese niño pequeño que se queda toda la noche sin dormir esperando a los Reyes Magos (y, niños, si leéis esto que sepáis que los padres no existen: son los Reyes Magos). O de todas esas mariposas en el estómago revoloteando, luchando por salir, cada vez que nos enamoramos (cada vez que te mira). O de la felicidad al terminar una carrera universitaria. O el ver amanecer en la playa. O el ver cómo un país entero se lanza a la calle ante una injusticia. O cómo una persona que no llega a final de mes ayuda con una moneda a otro que está peor que él.
Puede que sí: el mundo es una mierda. Pero la vida es jodidamente maravillosa.


Y hoy te voy a querer sin reservas. Nunca me gustó el café descafeinado.

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sábado, 6 de junio de 2009

Lo malo de que me prometieras ver amanecer es que me lo creí.
Lo malo de los abrazos con la duración de una canción es que cuando empiezas a disfrutarlos realmente, se han esfumado.
Lo malo de estas ganas que me embargan es la canalización hacia tu boca.
Lo malo de convertirte en una foto en blanco y negro es que pierdes los matices.
Lo malo de aprender a besar con la punta de los dedos es que las distancias ya no son tan cortas.
Lo malo de soñar con tus pecas es que luego espero encontrármelas entre mis sábanas.
Lo malo de no buscar el príncipe azul es que te obsesionas con las ranas.
Lo malo de tus virtudes es la complementariedad con mis defectos.
Lo malo de tus besos en espiral es que no encuentro el final (ni el principio).
Lo malo de este presente es que tú no estás.

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viernes, 5 de junio de 2009

Hoy he decidido mandar a mi corazón de viaje (o de exilio). Lo mando lejos de todo esto (y de ti). Porque sucede que yo también me canso. Y que me cuesta dormir. Y que paso noches en vela pensando en qué decirte a la mañana siguiente... sin saber que el problema real es que no hay nada que decir. Me he convertido en un lento parpadeo.
Congelé cada una de tus miradas, cada una de tus sonrisas torcidas. Congelé todos nuestros instantes porque sabía que no se volverían a repetir.
Sigo estudiando la forma de conseguir ese equilibrio imposible y estúpido. Seguiré dibujándote sonrisas en cada esquina de mi cuerpo, aunque me deje la vida en el intento. Porque lo tuyo es un don. Y no tienes perdón.
Y todos esos gritos que encerré al vacío explotarán y derrumbarán las cuatro paredes que ahora me acechan. Y romperán los cristales de mi ventana (y si no lo hacen ellos, lo haré yo a patadas) por si decides volver.
Pero no pienso buscarte entre mis dedos, entre las hojas de mi cuaderno olvidado, en mis carreteras secundarias, en el sonido del obturador de mi cámara. No pienso buscarte siquiera en el humo que se ha apoderado de mi garganta. ¿De dónde ha salido?



- ¿Qué desea, señorita?
- Que me traigan ya mi mes de Octubre.

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jueves, 4 de junio de 2009

Dibujé mis expectativas en las líneas de mi mano para tenerlas siempre a la vista. Escribí mensajes en los cristales para que sólo el vapor los revelara. Dejé que el sol me calentara hasta la última ramificación nerviosa de mi organismo. Disfruté cada momento libre y aprendí de cada momento de estrés. Impregné mi habitación con letras convirtiéndome en la principal "copy" de mi vida. Miré cada sonrisa y cada lágrima, cada esquina estudiada y cada improvisación pensada. Elegía el camino difícil y la opción acertada. Dejé a gente que quería en mitad del camino. Conocí a otros que me clavaron estacas cada vez que yo me despistaba.

Me puse una meta. Y no he dejado de mirarla a lo largo de estos cuatro años. Posiblemente, ese ha sido el secreto. Por ese motivo he conseguido mantenerme firme. Y cuando parecía que me iba a romper en mil pedazos, el puzzle se volvía a recontruir.

Hoy, 4 de junio de 2009, puedo decir bien alto que soy LICENCIADA EN PUBLICIDAD Y RELACIONES PÚBLICAS.

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martes, 2 de junio de 2009

Me gustaba estar contigo. Me gustaba nuestras horas muertas hablando de todo y de nada. Me gustaba que viéramos caer la lluvia a través del cristal de tu ventana. Me gustaba que al final tú y yo fuésemos la lluvia. Me gustaba que me regalaras sonrisas. Y que me dieras un beso en mi lunar cada vez que te daba la gana. Me gustaba que tocaras los botones imaginarios de mi cuerpo para que mis labios se estirasen hasta el infinito. Me gustaba que me dejaras notas en los rincones de mi habitación. Me gustaba tropezarme contigo por las esquinas. Me gustaba mentirte y que te dieras cuenta que lo hacía. Me gustaba que me enseñaras a volar. Me gustaba tocar aquella estrella (la Polar. Siempre la Polar.) con tus dedos. Me gustaba imaginarte detrás de mí por las calles solitarias de aquel lugar extraño. Me gustaba crear idiomas contigo que sólo tú y yo entendíamos. Me gustaba que fuéramos sólo uno (uno+uno=uno).

Y todos los trenes de mis pensamientos me llevan a ti. Voy paseando de estación en estación. Pero no te veo en ninguna. ¿Perdiste el tuyo?

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lunes, 1 de junio de 2009

- No te creo.
- Hace tiempo que dejaste de creerme.
- Quizás te lo merezcas.
- O quizás no.
- No te creo cuando me dices que me quieres, que me necesitas, que Octubre no será lo mismo sin mí. No te creo cuando me acaricias, cuando me dejas un post-it en la pantalla del ordenador, cuando me dejas un mensaje en el espejo.
- Ya. Ni siquiera te crees las flores que te regalo.
- Cuando me regalas una flor me estás regalando algo que, haga lo que haga, se va a morir. ¿Es una metáfora?

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